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Según la psicóloga
infantil Alejandra Muñoz, para mentir tiene que haber
una intención y un objetivo, lo que recién se
establece con el desarrollo del pensamiento a los 6 años,
donde el niño ya es capaz de discriminar la verdad
de la mentira. Aunque no siempre está conciente de
lo que es mentir, muchas veces lo hace para evitar un castigo
o llamar la atención. Si bien, moralmente la
mentira es mala, primero hay que evaluarla de acuerdo al contexto,
ya que tiene que ver más con el entorno que rodea al
niño que con una intención de él. En
forma espontánea tiende siempre a decir la verdad,
en cambio la mentira se aprende, y es un recurso muy usado
de salvación de situaciones.
¿Por qué miente?
Cuando el niño empieza
a tener mayor conciencia de la realidad, a partir de los 6
años, y se da cuenta de que, a veces, alterando la
verdad puede conseguir ciertos beneficios, empieza a moldear
la realidad para obtener cosas, comienza a intentar engañar
a los papás y es ahí donde la mentira puede
ser un peligro serio.
A medida que el niño va creciendo, es
más fácil que recurra a mentiras interesadas,
por ejemplo, para evitar responsabilidades o castigos por
sus acciones. Si bien esta es una estrategia natural que el
niño ocupará, va a depender del manejo que realicen
los padres si se convierte en algo permanente o pasajero.
Para evitar que se mantenga en el tiempo, se recomienda hablar
con el pequeño para explicarle la importancia y los
beneficios de la verdad, la honradez y la confianza, junto
con ejemplificarle cuáles son las consecuencias de
mentir, por ejemplo sentirse mal con uno mismo y además,
generar desconfianza en los otros.
La rigidez o las altas exigencias también
pueden provocar en los niños temor al castigo y motivarlos
a mentir. Si un padre lo obliga a sacarse buenas notas y lo
reta violentamente si le va mal, entonces el niño empieza
a copiar en pruebas para que le vaya bien u ocultar la nota
para evitar la sanción. Los papás deben preguntarse
qué está llevando a su hijo a mentir, a pesar
que la honradez sea un valor que le hayan inculcado como padres.
¿Cómo deben reaccionar los
padres?
La psicóloga Alejandra Muñoz,
afirma que los papás siempre deben cuestionarse cuando
su hijo miente, ver por qué lo hace, cómo han
actuado antes, si han sido muy exigentes o restrictivos con
él. Si bien la mentira nunca se debe dejar pasar, los
padres no deben castigar inmediatamente, si no preguntarle
por qué lo hizo, y darle la confianza necesaria para
que diga cuáles fueron sus razones.
La profesional explica que, por ejemplo, si
un niño escucha que su mamá dice cuando la llaman
al teléfono que no está, siendo que realmente
no quiere hablar con la persona, le está diciendo a
su hijo, indirectamente, que mentir es aceptable y estará
modelando su conducta. Y lo más seguro es que el niño
no pueda entender que algunas mentiras se pueden
decir mientras que otras no. Es bueno que los padres
le expliquen por qué a veces ellos dicen mentiras piadosas,
y que les hagan ver que eso no es lo mejor, y que no debe
ser lo habitual, afirma la psicóloga. El niño
necesita conocer un mundo real, donde un adulto miente pero
se retracta, pero no decirle por ejemplo, tu mamá nunca
miente, porque eso no es cierto y él lo va a comprobar
a lo largo de su vida.
El contexto ideal para evitar las mentiras
en los niños, es uno en el cual pesa más decir
la verdad que evitar un castigo. Los padres debieran felicitar
a su hijo cuando es capaz de reconocer aquello que le es difícil
y lo enfrenta a pesar de saber que a los papás no les
va a gustar. Si lo sancionan a pesar de haber dicho la verdad,
no le estarán enseñando los beneficios de la
honradez, por lo tanto, el castigo deberá ser menor,
utilizando la honradez como un atenuante. Frente a las trampas,
es importante reforzar el orgullo de obtener algo a través
de sus propios méritos, haciendo énfasis en
el esfuerzo, por ejemplo, más que en el resultado final.
Fuente:
Padresok.com
Fuente: extracto de
artículo publicado en Revista PadresOk, agosto 2002.
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