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Principalmente en los colegios,
es común ver cómo un niño se burla de
otro o se ríe de su aspecto o de su forma de hablar.
Ante esto, los menores pueden ser excluidos porque existe
un líder que no está interesado en que forme
parte de su grupo o por el contrario, se autoexcluye cuando
se da cuenta que sus intereses no son compartidos por sus
pares.
En ambos casos, los niños presentan problemas de relaciones
con el resto. De manera directa o indirecta se ven involucrados
en este proceso de exclusión, que en definitiva los
lleva a no lograr socializarse, aunque quieran vincularse
con los demás.
La exclusión y sociabilidad pasan por la capacidad
que tiene cada niño de relacionarse con sus pares,
encontrando de esta forma a quienes tengan gustos y valores
similares a la suyos. La predisposición consciente
o inconsciente que tenga el menor para socializar, facilita
las buenas relaciones con los amigos y compañeros de
curso y se caracteriza por tolerar mejor la diversidad, a
diferencia de los grupos patológicos, más autoritarios
y rígidos y que promueven el sometimiento de sus integrantes.
Esta condición comienza a presentarse entre los 7 y
8 años de edad, aumenta entre los 13 y 14 años
y declina en la adolescencia.
¿Cómo son estos niños?
Felipe Lecannelier, psicólogo,
Doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid, con
especialización en la University College London y en
el Anna Freud Center (Londres), ha estudiado este hecho también
conocido como Bullying. Según el especialista,
ambas posiciones presentan características especiales,
ya que el niño que excluye presenta rasgos como
agresividad, hiperactividad y características físicas
especiales como ser más alto y fuerte que el resto.
Son muy inteligentes y se muestran seguros de si mismos, lo
que los hace muy eficientes en su estrategia de excluir y
molestar.
Lecannelier
señala que como contraparte, el niño excluido
se caracteriza por su timidez, ansiedad e inseguridad. Tiene
una idea sobre si mismo de fragilidad, es decir, el
mundo es peligroso. Todos me van a pegar. Por lo general
tienen padres sobreprotectores, que se centran en aspectos
como no te vayas a enfermar o no salgas
porque te puede pasar algo, lo que podría generar
en el resto la percepción de que este niño es
vulnerable.
Pero, ¿porqué los niños excluyen a otros?.
Básicamente por las siguientes condicionantes:
- Atención: Excluir es una manera efectiva de recibir
atención, aunque ésta sea negativa.
- Imitación: Algunos niños modelan o imitan
lo que está pasando con ellos en su hogar.
- Superioridad y Poder: Muchos niños se sienten superiores
cuando intimidan a otros o poderosos cuando la exclusión
enfurece a otros.
- Aceptación: Muchos niños se comportan de determinada
manera para estar de moda. La necesidad de pertenencia
puede ser tan fuerte, que el niño excluye a otros para
ser aceptado por los más populares.
- Diferencias mal entendidas: Muchos niños no están
familiarizados o no entienden diferencias culturales o étnicas.
El rol de los padres
El estudio realizado por Lecannelier
indica que los padres por lo general no se dan cuenta que
su hijo es un niño excluido. Sin embargo, pueden haber
indicios de que algo anda mal.
En casos extremos, los niños empiezan a mostrar
síntomas psicosomáticos fuertes como cefaleas
o diarreas, no quieren ir al colegio e insisten constantemente
a sus padres que los cambien de establecimiento educacional.
Por eso, deben estar atentos a si existen cambios en la rutina
del niño; si duerme más o menos, come más,
habla menos o parece triste.
La actitud de los padres de un niño que excluye, debe
ser lo que se denomina de rol, es decir, mostrarle
el dolor que provoca en los demás, generar algún
grado de conciencia humana y tratar de ponerlo
en el lugar del otro. Según Lecannelier, los
niños que tienen mayor seguridad en su relación
con sus padres y amigos, tienen una tendencia a excluir menos,
así como también los que tienen mayor confianza
y comunicación con sus padres y amigos. Es prioritario,
por ende, estar atento a cualquier cambio en la rutina de
los niños, conocer con quienes se relacionan fuera
de la casa, estar en contacto con sus profesores y ver cómo
se desarrollan en el ambiente escolar. A pesar de que este
fenómeno podría ser sólo una etapa dentro
en el proceso de crecimiento del niño, los padres deben
estar atentos ante sus cambios conductuales, para detener
a tiempo cualquier hecho que pueda atentar contra su normal
desarrollo.
Fuente:
Padresok.com
Fuente: extracto de artículo
publicado en Revista PadresOk, septiembre 2002.
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