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En civilizaciones antiguas:
Sabores melosos para despertar la pasión
La elección de la comida es el punto de partida del éxito o fracaso de un encuentro amoroso. Así, amantes de todas las épocas y edades despiertan sus bajos instintos con el sólo hecho de probar aquellos bocados que evoquen sensualidad...

Frutillas por su jugosidad, forma de corazón y color rojo pasión, cacao para transportar a la pareja a los brazos de Eros y miel para endulzar los secretos
entre sábanas.
Para saber el génesis de los ingredientes que nutren la repostería y el mundo de los postres afrodisíacos, hicimos un peregrinaje por las
culturas ancestrales.

Ya desde la Prehistoria el hombre primitivo copulaba en los campos creyendo que los cultivos compartirían su fertilidad...

En las civilizaciones orientales, en tanto, el tema afrodisíaco ha hecho noticia desde siempre. Por ejemplo, la oda a la sexualidad hindú, el Kama Sutra, era el manual obligatorio de los jóvenes y doncellas que se comprometían en matrimonio.

Pautas de vida y para despertar la libido que los principiantes seguían a pie juntillas... Y cómo no, si en él encontraban la base para exacerbar las zonas erógenas a través de los sentidos: sensaciones táctiles, olfativas y de vista que sucumbían a la hora de potenciar las papilas gustativas por medio de sabores melosos.

Para corroborarlo, Vatsyayana, autor de este célebre texto, recomendaba diversas recetas para aumentar el vigor sexual, entre las que destacan, beber leche con azúcar mezclada con raíz de castaña, pimienta índica y rizoma de regaliz. Mientras los dulces y frutas representaban el epílogo del placer: éxtasis que los hindúes veían como un verdadero rito sagrado.

Mas, la tierra de Gandhi no era la única latitud donde se desarrollaba el arte de Afrodita, la vieja China poseía gran maestrismo si a gula erótica se refiere. Tanto, que se rendía culto a Tsao - Kung, dios de la cocina, en la mayoría de los hogares de Oriente. Dispuesto en un privilegiado rincón de la casa, este ser supremo se convertía en el nexo entre mortales y dioses, por ende, las ofrendas de frutas y bizcochos inclinaban su favoritismo hacia determinadas familias, fervor religioso que practicaban especialmente los hombres, que convencidos del poder de este ente sobrenatural, rogaban mayor vigor sexual para sus trances amorosos.

El Islam tampoco se queda atrás al instante de encender con sustancias dulces la pasión entre sábanas. Así, en el libro musulmán "Jardín Perfumado" del siglo XVIII se aconsejaba beber un vaso de miel espesa y comer veinte almendras para incrementar la lujuria en la cama.

Afrodita, la culpable
Pero, ¿cuál es la causa de este delirio que afiebra la razón humana con la sola ingesta de bocados?... ¿Su nombre?... Afrodita... ¿Su pecado?... Ser responsable de poner el deseo en las fieras, hombres y divinidades. Surgida de la espuma marina, esta deidad griega es la musa inspiradora para descubrir en la comida la fuente para refrescar el encuentro amatorio.

Y es que bajo su influencia la vida cotidiana en la Hélade estaba saturada de sexualidad, un sentir colectivo que se evidenciaba sobre todo en fiestas y rituales. Ejemplos de esto son las celebraciones Dionisíacas y en honor a Artemisa. En la primera se vendían higos y pasteles en forma de atributos femeninos o masculinos para activar la libido. En la segunda, panecillos que representaban la virginidad de la diosa, auguraban un año feliz en esta materia.

Cuando la civilización helénica decayó e hizo su entrada triunfal el Imperio Romano, la cultura grecolatina se cargó de exuberante sensualismo, los banquetes más extravagantes de ese entonces fueron ofrecidos por el despótico emperador Nerón, quien después de hechizar a sus invitados con baños rebozados de agua y aceites de rosas, enaltecía sus bajos instintos con postres cargados con la esencia de esta preciada planta.

La Italia del siglo XVIII pasará a la historia erótica con un solo nombre: Giacomo Casanova, este don Juan de la bota europea utilizaba como herramienta secreta para seducir a sus amantes, nada más ni nada menos que el chocolate caliente.

La vainilla, historia de una pasion
En el Nuevo Mundo, este ingrediente hizo estragos en su tierra autóctona, México... Así, cuenta la leyenda que Moctezuma, el emperador y guerrero azteca, comía cacao para potenciar su ímpetu sexual. Visto en ese entonces como alimento de los dioses, el chocolate era empleado por los hechiceros mayas para tranquilizar y estimular a los indígenas.

En tanto, la vainilla fue exportada por los conquistadores al Viejo Continente llevando consigo la impronta de la historia de amor imposible entre Tzacopontiziza y su amado Zkatan - Oxga, quienes fueron decapitados por los totonacas y ofrecidos a la diosa Tonayohua, protectora de la siembra y el maíz, como castigo por haberse enamorado.

En el lugar del sacrificio brotó una flor que luego se transformó en pequeñas vainas hipnotizando con su sabor y aroma las comidas dulces de los futuros amantes.

Recuadro
Afrodisíacos dulces inolvidables
Anís: usado por los griegos y romanos para potenciar su sexualidad.
Almendras: símbolo de la fertilidad, se cree que su aroma induce la pasión femenina.
Canela: en la Antigüedad se empleaba como poderoso afrodisíaco.
Durazno: simboliza los órganos femeninos.
Jengibre: los chinos utilizaban su raíz para producir un efecto excitante en sus genitales.
Granada: símbolo de fecundidad y abundancia.
Naranjas y uvas: se regalaban en la Edad Media a los recién casados para que tuviesen muchos hijos.
Manzana: ejemplo de la sensualidad por excelencia, por algo Eva fue a hacer el amor con Adán en un lecho de flores,
tras comer este fruto.
Nuez moscada y miel: empleada por los árabes para prolongar el acto sexual.
Membrillo: en España se le atribuían virtudes para atraer el amor por estar dedicado a la diosa Venus.

Por Consuelo Fernández - Romo Urzúa
Ilustración: Francisco Arjona
Libro: La Cocina Erótica, Manuel Martínez Llopis
R & B Ediciones

Fuente: Revista Platos y Copas

 


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