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En el corazón de
la Antártica existe sólo nieve y hielo. En su
periferia hay pingüinos, focas, pájaros y alguna
vegetación. Pero ahora resulta que en pleno corazón
existe un lago con agua fresca, del tamaño del lago
Ontario, pero cuatro veces más profundo que él.
Su superficie se calcula en 14 mil kilómetros cuadrados.
El problema es que está cubierto por una gruesa capa
de hielo de 4 mil metros de espesor (New Scientist, Diciembre
4, pág. 35).
Según los geólogos, sus aguas
han permanecido ocultas, aisladas de la superficie, del aire,
los vientos y la luz solar, por más de 25 millones
de años. Su nombre (Vostok) se debe a que sin saberlo,
los soviéticos construyeron directamente encima de
él, una base Antártica en el año 1957.
Es en ese remoto lugar donde se ha registrado la más
baja temperatura de que se tenga registro hasta hoy (-890C
en 1983).
Los primeros indicios de la existencia de agua
bajo el hielo, los proporcionó Godon Bobin del Scott
Polar Research Institute, en Cambridge, mediante un estudio
de eco sonda realizado en la década de 1970. Luego
en 1993, las mediciones satelitales detectaron una gran área
de hielo polar cuya superficie era inusualmente plana, lo
que también era una señal de que abajo existía
agua (fig. 1). Pero fue en 1996 cuando los investigadores
Martín Siegert de Bristol Universiy en Cambridge y
Andrei Kapitza de la Universidad de Moscú, estudiaron
en conjunto los datos sísmicos y otros antecedentes,
confirmando su existencia y su enorme extensión.
Desde entonces, los científicos rusos dirigidos por
Valerie Lukin del Instituto de Investigación Artico
y Antártico de St. Petersburgo, han continuado con
los estudios sísmicos, confirmando la profundidad y
el tamaño. En su búsqueda han comprobado que
el lago Vostok no es único, y que por el contrario
ya han ubicado 77 lagos sub glaciales más pequeños,
ubicados en diferentes áreas del continente helado
(fig. 1)
La existencia de vida
Los biólogos están ansiosos de
saber si en estas aguas existe o no vestigios de vida. Si
allí existiera por lo menos una vida primitiva, se
reforzaría la creencia de que ésta también
podría existir bajo la capa de hielo descrita en Europa,
una de las lunas de Júpiter (Creces, Junio 2000, pág.
13). Para que ello fuera posible, por lo menos dos factores
serían necesarios, que exista suficiente suministro
de carbón y de energía. Por la oscuridad que
allí debe reinar, se puede prever que estos dos elementos
necesariamente deben ser escasos. Por ello, de existir vida,
ésta sería sólo de bacterias, y no de
macrofauna.
Con todo, podría existir allí
una fuente de energía no considerada, como por ejemplo
la existencia de surgencias hidrotérmicas en las profundidades.
Estas se han descrito en las profundidades de los océanos,
donde a su alrededor se forman verdaderos oasis de extrañas
comunidades y complejas criaturas. Por otra parte, si el lago
ya existía antes de que se cubriera con hielo, seguramente
que ya se habría desarrollado en él un complejo
ecosistema, y entonces en el fondo debieran existir muchos
organismos fallecidos que habrían dejado carbón
en su sedimento.
Pudiera ser también que a la superficie
del hielo hubieran llegado microbios que gradualmente se hubieran
abierto camino hacia las profundidades. Algunos hallazgos
sugieren esta posibilidad. El hecho es que investigadores
rusos y franceses han estado perforando el hielo, llegando
a una profundidad de 3.620 metros. Hasta ahora no han continuado
a mayor profundidad por temor de contaminar el agua con microorganismos
arrastrados por la perforación. Las perforaciones se
han realizado para recolectar información del clima
en tiempos pasados. Con todo, en las muestras recolectadas
han encontrado algunos indicios.
Sorpresivamente han encontrado que los cristales
de hielo a una profundidad de 3.540 metros son de un tamaño
significativamente mayor a los más superficiales, por
lo que los investigadores sospechan que se han formado en
condiciones de mayor temperatura. En ellos los biólogos
John Priscu de Montana State University y David Karl de la
Universidad de Hawai, examinándolos separadamente,
afirman haber encontrado signos de vida microbiana: "pequeños
trozos como bacterias, que seguramente han respirado y producido
CO2". También en las mismas muestras han encontrado
carbón. Karl afirma " si hay bacterias no se puede
eliminar la posibilidad de que también exista vida
más compleja".
Pero aun cuando el lago contenga sólo
microbios, desde el punto de vista biológico puede
ser muy interesante. Asilados allí por millones de
años los organismos pueden haber desarrollado una estrategia
no convencional, como para enfrentar estas condiciones ambientales
externas. Por lo menos ello se ha demostrado en las surgencias
de las profundidades del océano, o en otras condiciones
extremas (Creces, Septiembre 1997, pág. 33).
Proyecciones futuras
No hay forma de asegurar o negar la existencia
de vida, mientras no se logre tomar una muestra del agua de
esas profundidades. La primera reacción fue de iniciar
cuanto antes una nueva perforación y enviar al fondo
un robot capaz de analizar el agua, buscar microorganismos
y volver las muestras para ser examinadas. Pero desde luego
a este tipo de programa se opusieron ambientalistas y científicos
que temían contaminar el lago con microbios externos
y por ello desaprovechar esta verdadera "cápsula
del pasado" que podría entregar muchísima
información de cómo sería la Tierra en
sus primeras edades.
Para discutir el tema, en el año 1998,
el National Science Foundation, organizó una reunión
a la que fueron invitados numerosos expertos. Allí
se insistió en la prudencia y se fijó un plazo
para iniciar nuevas perforaciones, esperando que para entonces
se solucionen varios problemas tecnológicos que permitan
llegar a esas profundidades, sin el riesgo de contaminarlas.
Para ello se acordó darse un tiempo, de modo que las
perforaciones se comenzarían en el año 2002,
y se podría contar con muestras en el año 2003.
Pero como los avances tecnológicos preparativos no
dejaron satisfechos a los expertos, se organizó una
nueva reunión en el año 1999 y se resolvió
postergar la misión para el año 2004.
Previamente se quiere estar seguro de que no
se vaya a contaminar el lago sub-glacial con microbios de
la superficie. Franc Carsey del Jet Propulsion Laboratory
en Pasadena, California, señaló que la idea
general es perforar con agua caliente hasta 3.500 metros y
luego continuar con un crio-robot. Así la sonda se
esterilizaría por si mismo en la primera etapa, calentando
por medio de cables eléctricos un carrete en su interior.
Se calcula que el proyecto costaría
aproximadamente 20 millones de dólares, ya que habría
que construir toda una instalación, un nuevo edificio,
caminos, acumular depósitos de combustibles y otras
infra estructuras. Todo ello en el lugar más frío
de la Tierra.
Mientras todo esto se discute, se ha continuado
estudiando el lago, a través de radar, estudios magnéticos
y datos sísmicos. Se ha podido comprobar que su estructura
no es homogénea, que en su interior éste contiene
islas y bolsones, donde el agua se eleva a diferentes niveles.
"Otra observación que ha sorprendido es que tiene
una gran anomalía magnética", dice el geofísico
Michael Studinger de Columbia University. Además, su
profundidad en algunos lugares alcanza los 1000 metros (Scientific
American, Marzo 2001, pág. 10). Habrá que esperar
para tener la respuesta que todos esperan.
Fuente: Creces.cl
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