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La NASA ha afirmado que
será posible el viaje a comienzo del siglo XXI. Sin
embargo, tiene claro que la principal limitante está
en vencer la gravedad, con el enorme volumen de carga que
ello significaría. Si se quiere reducir la carga, un
primer problema sería el abastecer a la tripulación
con el oxígeno y alimentos, ya que las provisiones
tendrían que programarse por lo menos para dos años.
Otro problema es el combustible necesario, no sólo
para vencer la gravedad de la Tierra, sino también
para el largo viaje y su posterior regreso, que significa
a su vez desprenderse de la gravedad del planeta Marte.
En cuanto a los alimentos, al menos teóricamente,
sería posible producirlos en la misma nave, utilizando
la energía solar y un ambiente muy eficiente y perfectamente
controlado (Creces, Septiembre 1996, pág.29). En un
sistema cerrado, sería también posible pensar
en reciclar el CO2 y proveerse de oxígeno, dentro del
mismo sistema. El problema, que es más difícil
de resolver, es el del combustible necesario para la vuelta,
que debiera necesariamente producirse en el planeta Marte.
El punto de partida para producir este combustible
en Marte, sería el CO2, que constituye el 95% de la
delgada atmósfera del planeta. A partir de este gas
y probablemente, con el agregado de otros ingredientes llevados
desde la Tierra, se podría llegar a producir ese combustible
y también el oxígeno necesario para quemarlo.
Hay grupos de investigadores que están buscando la
solución a este problema. Para sus investigaciones
han recibido fondos de la NASA, que tiene que decidir en definitiva
por la opción más viable. En todo caso, para
no correr riesgos, el sistema debiera comprobarse antes de
que el hombre llegara a Marte. Es decir, en viajes no tripulados,
hay que conseguir enviar una máquina liviana, que permita
fabricar el combustible en la superficie marciana, y que luego
esta misma sea capaz de volver con muestras del suelo marciano,
ya impulsada por ese combustible. Sólo entonces se
podrá arriesgar el envío de una tripulación
humana.
David Kaplan, ingeniero aeroespacial del Space
Center en Houston, Texas, es quien está encargado de
decidir cual sería esa máquina que produzca
combustible marciano, lo que debiera estar decidido para el
año 2001. Por ahora se inclina por una célula
de zirconia, desarrollada por Steven Crow y sus colaboradores
de la Universidad de Arizona en Texas. Según Kaplan
"si aparece una solución mejor, estamos listos
para evaluarla". Pero no parece fácil producir
allá un combustible con capacidad de propulsión
semejante a la del hidrógeno, que es el combustible
utilizado actualmente en la propulsión de las naves
espaciales (New Scientist, Junio 28, 1997, pag. 24).
El zirconia u óxido de zirconium, es
una cerámica que se puede utilizar como un electrólito
sólido. Su superficie está cuajada de excavaciones,
que puede perfectamente refugiar los iones oxígeno.
La célula dentro de un sándwich de electrodos
porosos, se ha barnizado con yttrium para aumentar el número
de cavidades. El CO2 difunde a través del cátodo,
donde una combinación de alta temperatura, junto al
libre suministro de electrones, logran separar los átomos
de oxígeno, que llegan a transformarse en iones. De
aquí ellos migran a través de la red de cavidades
hacia el ánodo, donde el exceso de electrones se combina
para formar moléculas de oxígeno.
Ya esta célula zirconia ha sido rigurosamente
ensayada en una simulación de atmósfera marciana,
y Crow afirma que ya puede pensarse en ella para su envío
a Marte en el año 2001. Allí se podría
ver como funciona realmente en la superficie marciana, asegurándose
que esta sea capaz efectivamente producir oxígeno puro
en Marte.
El aparato liberaría monóxido
de carbono, que aún estando lejos del ideal, podría
usarse como combustible. Pero su impulso específico
es sólo la mitad de lo que se podría lograr
con el hidrógeno líquido, que es el que se usa
actualmente para las naves espaciales. Es decir, la solución
del problema no se ve fácil.
Tal vez no ha llegado aún la hora
de que el hombre viaje a Marte, hasta cuando no se disponga
de otras tecnologías que permitan propulsar una nave,
sin significar un gran volumen y peso. Algunos piensan en
la energía de fusión, que es la misma que utiliza
el sol para calentarnos. Sin embargo, aún cuando se
sabe que esta sería la energía ideal, el hombre
no ha logrado aún dominarla (Creces, Agosto, 1996).
Es posible que por ahora haya que seguir soñando y
buscando.
Fuente: Creces.cl
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