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Penrose (1), hace ya 70
años, publicó sus observaciones señalando
que las madres mayores de 35 años, tenían más
hijos mongólicos que las madres más jóvenes.
Posteriormente se ha podido observar que muchas otras enfermedades
genéticas son también provocadas por alteraciones
de diversos cromosomas de las células y que ellas son
también mas frecuentes en hijos de madres con edad
avanzada (2). También se ha descrito que las madres
muy jóvenes tienen un riesgo mas elevado (3) de tener
hijos mongólicos.
En la tabla N° 1 se puede observar que
la incidencia de mongolismo es más alta en madres menores
de 14 años (1 por cada 127 nacimientos) y que disminuye
entre los 25 29 años (1 por cada 1.660 nacimientos),
para luego elevarse posteriormente en las madres mayores de
45 años.
Cromosoma supernumerario
En el mongolismo, existe un cromosoma de más
en cada célula (los seres humanos tienen normalmente
23 pares de cromosomas en cada célula). Con algunas
técnicas que se han desarrollado ha sido posible determinar
el origen paterno o materno de los cromosomas celulares y
con ello se ha demostrado que el cromosoma extra, que determina
la enfermedad, no sólo puede venir en el óvulo,
sino también en el espermio. Así se ha comprobado
que casi en la tercera parte de los casos de mongolismo, el
cromosoma extra es de origen paterno (4 - 7).
Una prueba aplicada por el especialista norteamericano
Dr. Kippy Abroms demostró que puede predecirse la posibilidad
de tener un hijo mongólico, de acuerdo con la edad
del padre y de la madre. La doctora Joan Bennet, una genetista
que colaboró con Abroms en la investigación,
revisó y estudió todos los trabajos disponibles
en los que el cromosoma extra se había descubierto
en cualquiera de los padres. En 30 de 115 casos el espermio
había causado el defecto.
Todo esto ha llevado a analizar no sólo
la edad de la madre, sino también la del padre, ya
que por efecto de ella se podrían alterar los cromosomas
tanto en los espermios como en los óvulos. Ya el mismo
Penrose había demostrado que si había un efecto
por la edad paterna, éste era considerablemente menor
que el de la edad materna. En ese entonces se creo una gran
controversia sobre ese punto (8,9). Mientras algunos investigadores
como el D. J. Erickson (1978) no habían encontrado
influencia sobre la edad del padre (10), otros habían
advertido efectos evidentes en padres sobre 55 años
de edad (11, 12). En todo caso, de existir, éste no
sería tan notable como la edad de la madre (13).
Los enanos
Aparte de las enfermedades por alteraciones
de un cromosoma, también existen enfermedades hereditarias
debidas a alteraciones de un gen dentro del cromosoma. La
acondroplasia es una de ellas (enanos con piernas y brazos
cortos). Aquí también parece existir un efecto
de la edad de los padres. Penrose, al estudiar en 1955 los
enfermos con acondroplasia, encontró que la edad paterna
estaba aumentada en relación a la edad materna. Es
decir, la edad paterna aumentada podría estar asociada
con un mayor riesgo de enfermedades causadas por alteraciones
de los genes. Esto fue confirmado por diferentes autores que
estudian enfermedades hereditarias que se transmiten en forma
dominante (15). En la Tabla N° 2, se enumeran algunas.
En la reunión anual (1980) de la Sociedad
de Investigación Ginecológica de los Estados
Unidos, el tema estuvo de actualidad. El Dr. Friedman presentó
un trabajo en que cuantificaba el riesgo de la edad del padre
en la frecuencia de enfermedades genéticas dominantes.
Friedman calculó una frecuencia absoluta mínima
de 0.41%, cuando la edad del padre era de 40 años o
más, lo que era 40 veces más alto que cuando
la edad del padre era de menos de 30 años. Estas cifras
son impresionantes, ya que la mayoría de los estudios
se han realizado con enfermedades que se transmiten en forma
dominante, que son más evidentes que las recesivas,
que pasan desapercibidas. Es decir, las alteraciones de los
genes que se producen por la edad avanzada del padre, pueden
ser mucho más frecuente que lo que aparenta.
El caso de la hemofilia
La hemofilia es una enfermedad también
genética que se transmite ligada al sexo. La transmite
la madre y aparece en los hijos varones. J. Herman demostró
en 1966 que en aquellas familias en que la hemofilia aparecía
por primera vez, los abuelos maternos del niño enfermo,
en el momento que concibieron a la madre, eran significativamente
mas viejos que los controles. Es posible que esto suceda también
en muchas otras enfermedades genéticas que se transmiten
ligadas al sexo o en enfermedades que se transmiten como recesivas.
Friedman cree, sobre la base de estos resultados, que la edad
paterna avanzada es un factor importante en la producción
de enfermedades por alteraciones de genes. El estima que podrían
reducirse en 1/3 estas enfermedades si los hombres sanos,
mayores de 40 años, no se reprodujeran.
La tendencia creciente en matrimonios que se
abstienen de tener hijos hasta después de varios años,
en diferentes países, ha puesto de relieve estos conceptos.
Por lo tanto, si se desea prevenir los defectos congénitos,
parece aconsejable que tanto hombres como mujeres tengan sus
hijos no antes de los 20 años de edad y no después
de los 35 a 40 años. Esta medida probablemente beneficiaría
no sólo a la descendencia inmediata, sino también
a las generaciones siguientes (17).
Fuente: Creces.cl
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