El tamaño
de un organismo pone muchas limitaciones en su forma, su fisiología
y también en el comportamiento. Una rata puede caer desde
una cierta altura y no le pasa nada, pero un animal mayor ciertamente
va a tener un traumatismo.
Si nos achicáramos hasta el tamaño de una laucha
o menos, tendríamos mucho temor de caernos al agua. Pero
del tamaño que somos, si nos salimos de una piscina,
sólo una fina capa de agua cubriría nuestra superficie,
lo que no tiene significancia para el peso de nuestro cuerpo.
Pero no así una mosca, que quedaría con agua adherida
a su superficie en cantidad mayor que el mismo peso de su cuerpo.
El tamaño también tiene implicaciones
en la forma en que un organismo obtiene su energía
y como crece. Todos los organismos necesitan nutrientes y
gases, lo mismo que necesitan eliminar sub productos y coordinar
su propia actividad. Un pequeño organismo unicelular
puede captar el oxígeno por simple difusión
desde el agua que lo rodea e incorporarlos a su interior.
No necesita de estructuras respiratorias.
Para un organismo más grande, la simple
difusión no es suficiente. Los peces por ejemplo, para
captar oxígeno, han tenido que aumentar su superficie
de absorción desarrollando filamentos en sus agallas.
Los pulmones de los reptiles, los pájaros y los mamíferos
son como verdaderas esponjas, ofreciendo una enorme superficie
a través de los cuales pueden difundir los gases. La
mayor parte de los animales complejos han desarrollado sistemas
circulatorios, que entre otras cosas los utilizan para captar
oxigeno a través de la superficie respiratoria y llevarla
a su tejidos y para expulsar de ellos el CO2 en la dirección
opuesta.
Todos estos ejemplos son consecuencias biológicas
de las relaciones geométricas entre la altura, su área
de superficie y el volumen.
Consideremos un cubo de madera de un centímetro
de altura. Este va a tener un área de superficie de
6 cm2 y un volumen de 1 cm3. Al juntar 27 de estos cubos,
se va a lograr uno más grande, con una altura de 3
cm, una superficie de 54 cm2 y un volumen de 27 cm3. Es decir,
el aumento de su altura en tres veces aumenta su superficie
en nueve veces, mientras que el volumen y masa aumenta 27
veces. En el caso del cubo de madera pequeño, va a
estar rodeado por una superficie de 6 cm2 y va a tener una
relación de volumen a superficie de 1:6. En el caso
del cubo grande, cada cubo de 1 centímetro de madera,
tiene un promedio de sólo 2 cm2 de superficie expuesta
y una relación de volumen a superficie de 1:2. Es decir,
los cubos más pequeños tienen una mayor superficie
relativa. Lo mismo es cierto para cualquier objeto de la misma
forma, pero de diferente tamaño.
Inevitablemente, los organismos pequeños tienden a
tener una mayor superficie para su volumen, si se comparan
con los organismos de mayor tamaño. Esto es muy importante,
ya que muchos procesos dependen del área de superficie
del cuerpo, mientras otros procesos dependen del volumen del
cuerpo. Si volvemos a nuestro ejemplo, podemos entender coma
estas relaciones aperan. Para una laucha que se caiga, la
resistencia del aire es proporcional a su área de superficie,
que es relativamente grande para su masa. Es así como
en el animal pequeño, la resistencia del aire disminuye
la velocidad de la caída y muchas veces los saltos
que da llegan a ser parte normal de su sistema de locomoción
a escape.
En el caso de un animal gigante, la fuerza
de los huesos de sus piernas es proporcional a su área
de sección.
Supongamos que nuestro gigante tenga una altura
tres veces superior a la del humano. El área de sección
de sus huesos de las piernas, va a ser nueve veces la nuestra,
pero aquí se enfrenta un problema, ya que la masa del
gigante va a ser 27 veces mayor que la nuestra. La moraleja
de esta historia es que los grandes animales terrestres necesariamente
tienen que tener huesos más gruesos, como es el caso
del elefante en relación con la laucha.
Muchas de las diferentes vías de la
evolución de las especies animales, estuvieron limitadas
par su tamaño. Así por ejemplo, los grandes
dinosaurios estuvieron en el límite en su tamaño,
ya que como cuadrúpedos no era posible su locomoción
sobre la Tierra. En la misma forma, el poder volar se hace
muy dificultoso para los animales que sobrepasen un peso de
12 kilos. Por este mismo argumento, se piensa que los gigantescos
dinosaurios voladores, no podían agitar sus alas para
mantenerse y sólo podían deslizarse como planeadores
aprovechando las corrientes de aire caliente. Por eso se piensa
que es muy probable que durante el período Cretaceous,
la atmósfera de la Tierra fuera más densa, lo
que podría explicar que pudieran volar esas criaturas
cuyas alas extendidas median 12 metros (Quetzaloatlus).
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