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Es grande la preocupación
por los impactos que el ser humano está produciendo
sobre el medio ambiente, sea éste en la atmósfera,
la tierra, el agua o los océanos. Preocupa la contaminación
inducida por la descuidada producción industrial y
la aglomeración humana en extensas zonas urbanas, como
preocupa también el deterioro de la vida silvestre
vegetal, animal y el posible agotamiento de los recursos naturales.
Una de las tantas medidas precautorias que se recomienda para
disminuir el impacto, es el reciclamiento de productos industriales,
tanto con el objeto de aprovechar al máximo los recursos
naturales como también disminuir el impacto ambiental
y evitar al mismo tiempo la acumulación de éstos.
A los ecologistas, por ejemplo, les interesa el reciclamiento,
ya sea de los envases (vidrios, metales, plásticos
etc.) como también de los productos y equipos de gran
impacto en la producción industrial o el de subproductos
industriales. Uno de los ejemplos de reciclaje que todos han
aceptado como cierto, es el del papel, cuya producción
ya ha alcanzando niveles como nadie se había imaginado
hace sólo 50 años. El papel es un producto biodegradable,
pero preocupa el impacto que su producción tendría
en el medio ambiente y el potencial agotamiento de los recursos
forestales.
Reciclar el papel a primera vista aparece como
de todo punto de vista aconsejable, y parece que hasta ahora
ha habido un consenso de ello. El proceso ya se ha iniciado,
especialmente en los países desarrollados. Es así
como en los países europeos se está ya reciclando
un promedio de 130 kilos de papel por persona por año
y en los Estados Unidos, 260 kilos por persona año.
Incrementar el reciclaje es ya una política estimulada
por diferentes organismos internacionales y los diferentes
gobiernos. La Comisión Europea se ha propuesto como
meta para el año 2001, el llegar a reciclar el 50%
del papel.
Sin embargo, muy recientemente diversos economistas
y ecólogos se han estado preguntando si es cierto que
el reciclaje del papel sería útil para disminuir
el impacto ambiental o si preservaría la destrucción
del recurso forestal. Frank Ackerman, reconocido ambientalista
y profesor de políticas de medio ambiente en la Universidad
de Tufts en Medford, Massachusetts, acaba de publicar un libro
titulado ¿ Por qué Reciclamos? y concluye que
ello se hace sólo como un símbolo, en la creencia
que es una buena cosa. Pero afirma que no hay argumentos que
avalen esta creencia.
Richard Sandbrook, Director del Instituto Internacional
para el Ambiente y el Desarrollo, con sede en Londres (IIED),
afirma que este concepto está fundamentalmente equivocado,
y para ello cita nuevas investigaciones que avalan su creencia.
Concluye que desde el punto de vista ambiental, es mejor quemarlo
que reciclarlo (New Scientist, Noviembre 22, 1997, pág.
31).
Matthew
Leach, analista del Centro para Tecnología Ambiental
en el Imperial College de Londres, junto a sus colaboradores
publicaron recientemente un trabajo en la revista International
Journal of Enviromental Planning and Management (Noviembre
1997), en que también concluyen que la mejor opción
es incinerar el papel y termina afirmando "mientras más
usted valore el ambiente, más debe preocuparse de la
incineración del papel". Para los ambientalistas
y el público en general, esta afirmación es
un verdadero shock, ya que como un principio general, estos
afirman que siempre hay que tratar de reducir el uso de los
recursos naturales, y el reciclaje precisamente tiende a eso.
Sin embargo, en los estudios antes aludidos, se afirma lo
contrario.
¿Cuáles
son las alternativas y en qué se basan ?
En el análisis que realiza Leach considera
cinco posibilidades para el papel desechado: 1.- reciclarlo
para hacer un papel de igual calidad, 2.- reciclarlo para
hacer un papel de menor calidad, 3.- incinerarlo para generar
energía, 4.-usarlo en compost, o finalmente 5.- usarlo
en relleno para recuperar metano como energía. Con
estas posibilidades, los autores exploran las ventajas y desventajas
económicas y ambientales con cada una de ellas. En
ellas se consideran el beneficio producido por el valor de
los subproductos, como la venta de electricidad generada durante
la incineración, como también los costos ambientales
ocultos, que llaman "externalidades", incluyendo
en ello la resultante de la emisión de dióxido
de carbono, metano, monóxido de carbono, dióxido
de azufre, óxido nitroso y partículas. El valor
de todo esto lo agregaron o lo sustrajeron para sus cálculos
frente a cada una de las alternativas. De estos cálculos
y tomando en cuenta los costos de las externalidades, ellos
concluyen cuál sería la opción más
barata y ventajosa.
La única objeción del trabajo
de Leach, es que él no hace sus propios cálculos
para lo que llama externalidades ambientales, sino que se
basa en otros estudios realizados previamente por otros economistas.
Desgraciadamente el cálculo de las externalidades es
una ciencia muy inexacta, de modo que en los diversos trabajos
considerados por Leach (cincuenta), el valor asignado a los
contaminantes varían mucho. Así por ejemplo,
el costo de emitir un kilo de dióxido de carbono, según
las diversas estimaciones, varía entre $1 y $50. Incluso
en algunos casos, el costo ambiental significa la mitad del
costo de deshacerse del papel.
En los análisis que hace Leach, si se
asigna un bajo valor a las externalidades, un 80% del papel
debería reciclarse. Pero cuando se le asigna un alto
valor a las externalidades, entonces dos tercios del papel
de deshecho debiera incinerarse y el resto destinarlo a compost
y relleno. La conclusión es que el reciclaje económicamente
tendría sentido sólo si los costos ambientales
fueran bajos. Por el contrario, si se le asigna un alto costo
ambiental, gana la incineración (fig. 1).
Según Leach, una razón de estos
sorprendentes hallazgos, es el valor de la energía
generada por la incineración. Otra razón, es
que el reciclado usa gran cantidad de energía y crea
polución, especialmente cuando se considera el transporte
del papel de deshecho para ser reciclado por la industria.
Así por ejemplo, cuando Aylesford Newaprint, industria
recicladora en Kent, recibe 30.000 camiones con papel de deshecho
en el año, éstos han recorrido más de
4 millones de kilómetros. Según Leach esto significa
que este transporte produce más de 5.800 toneladas
de CO2 por año. A esto hay que agregarle los transportes
individuales, desde las casas a los lugares de acopio. El
mismo estudio en la zona rural de Nordfolk, señala
que como promedio los autos recorren 270 kilómetros
por cada tonelada de papel que transportan.
Pero más allá del combustible
de los motores, el proceso mismo de reciclado usa mucha energía.
Así por ejemplo, en el último año se
usaron 4.000 toneladas de aceite combustible pesado y 5.700
millones megajouls de gas. El proceso de extraerle la tinta
es altamente consumidor de energía y además
produce mezclas tóxicas que contienen una alta concentración
de metales pesados, de los cuales la industria tiene que deshacerse,
con sus costos respectivos. Luego viene el proceso de limpiado
de la pulpa y finalmente la reformación del papel en
una gigantesca máquina, todo lo cual significa más
energía y contaminación.
Por el contrario, la incineración genera
energía. Las plantas modernas tiene sus calderas conectadas
a turbinas que alimentan la red nacional. Así por ejemplo,
la planta incineradora estatal de Edmond en el norte de Londres,
puede producir hasta 20 megawatt de poder para la red nacional.
Algunas plantas, especialmente en Escandinavia, también
producen calor para las oficinas vecinas, casas u otras industrias.
Como en el proceso de reciclado, también en la incineración
hay costos energéticos por el transporte, pero según
afirma Leach, como los incineradores están en todas
partes, el consumo de energía por este rubro y también
el tráfico, es menor.
Pero los incineradores también producen
polución del aire. Más aún, liberan Dioxina
que se crea cuando se queman compuestos clorados. La Dioxina
es tóxica para el organismo humano. Sin embargo, en
el caso de Inglaterra por exigencias de la Royal Commission
on Enviromental Pollution, se está efectivamente eliminando
el impacto en la salud de la incineración. También
la incineración produce CO2, pero de nuevo según
Leach, "si los árboles de donde originalmente
se obtuvo el papel, se reemplaza por árboles nuevos,
estos van a absorber CO2".
Hay que tener en cuenta que en la actualidad
la mayor parte del papel que se produce, no viene de bosques
tropicales (1%), sino que por el contrario, de plantaciones
específicas para este objeto (70%) o de bosques naturales
bien manejados (29%). Los grandes productores y exportadores
de papel son Canadá, Finlandia, Suecia y los Estados
Unidos. En todos estos países, las plantaciones de
bosques están aumentando notablemente. Como resultado
final, el ciclo completo de incineración es "CO2
neutro".
El medio ambiente gana
Si la incineración se usa para generar
energía, significa una ganancia neta para el ambiente,
ya que sustituye la polución causada por la quema de
energía fósil, como es el gas y el carbón.
Según estimaciones de Leach, por cada tonelada de papel
incinerado en Inglaterra se ahorran 300 kilos de emisión
de CO2.
Si el papel se incinera habría que producir
más papel virgen, y este proceso consume un 25% más
de energía en relación al reciclaje de papel.
Pero él sostiene que las modernas plantas productoras
de papel de Escandinavia (donde Inglaterra compra la mayor
parte de su papel) no queman en absoluto energía fósil.
Ellas queman chips y corteza. De esta forma ellas producen
su propia energía localmente. Tomando todo esto en
cuenta, Leach afirma que en términos de energía
fósil usada para producir una tonelada de papel en
Inglaterra, la producción de papel virgen consume un
50% más de energía fósil en relación
al reciclaje. Todo ello dejando a un lado lo que se gasta
en energía de transporte para recolectar el papel a
reciclar.
Por todo esto no extraña el reciente
informe del IIED, en que Schweppes es el director actual (antiguo
activista del reciclaje), y que emanó de una serie
de extensos estudios. Concluye que: "en algunas circunstancias
la incineración tiene evidentes ventajas sobre el reciclado".
Más aún, él termina afirmando que: "muchas
de nuestras campañas verdes a veces han sido erróneas
y sin una base real de estudios evaluativos".
Como conclusión, cabe preguntarse si
estas campañas de reciclado realmente se justifican,
teniendo en cuenta los enormes costos ambientales de transporte
y otros. ¿Se justifica la campaña de la botella,
cuyo consumo energético de transporte es enorme y si
además deben esterilizarse? No parece claro si se toma
en cuenta que el vidrio se fabrica de la arena, uno de los
más abundantes recursos de la Tierra. ¿No sería
mejor molerlas y hacer material de agregado?
* Basado en artículo de Fred Pearce.
New England, Noviembre 22 de 1997, pág. 31.
Fuente: Creces.cl
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