|
Por qué la sal de
mesa (cloruro de sodio) se siente más salada que otras
sales de sodio? Por años, este hecho ha confundido
a los estudiosos del sentido del gusto. Como una primera aproximación,
podría ser que todas las sales de sodio supieran igual,
ya que los fisiólogos han sabido por más de
30 años que el origen del sabor salado depende del
ión sodio positivamente cargado, y no del anión
negativo apareado a él. Pero también han sabido
por el mismo número de años, que algunas sales
de sodio parecen más saladas que otras. Esto quiere
decir que los aniones tienen que ver en la percepción
de la salinidad. Nadie sabía cual podía ser
la función, hasta ahora.
Un grupo de investigadores de la universidad
de Virginia, anunciaron en revista Science, la respuesta a
la paradoja del anión. Encontraron que el anión
ejerce su efecto sobre el gusto, al rodear las células
receptoras del gusto (que forman las papilas gustativas),
cambiando el ambiente químico en que están las
células, modificando así su sensibilidad al
sodio. Pero esta explicación se ha logrado luego de
estudios que se han prolongado por décadas, probando
y descartando teorías, mientras se analizaban cuidadosamente
las miles de células gustativas que son sensibles a
la sal. Cada papila contiene cerca de cien células
gustativas, que cuando son excitadas, estimular a una célula
nerviosa que lleva la señas al cerebro. En los años
50, el fisiólogo Lloyd Beidler, de la universidad estatal
de Florida, demostró que el sabor salado dependía
básicamente del ión sodio Pero sólo recién
a mediados de los `80. numerosos grupos de investigadores
pudieron precisar como ocurre dicho fenómeno: los iones
de sodio entran a las células receptoras, a través
de canales especiales para el sodio, en la membrana celular.
Este descubrimiento era totalmente compatible
con lo que se sabía en electrofisiología, el
ión sodio que fluye al interior de la célula
gustativa cambia el voltaje a través de la membrana,
haciendo que el interior, normalmente negativo, sea un poquito
más positivo. Esta depolarización excita eléctricamente
la célula, determinando la liberación de un
neurotransmisor, el que a su vez estimula a una célula
nerviosa adyacente, la que finalmente transmite la sensación
de salinidad al cerebro.
Pero este descubrimiento no aclaró el
segundo efecto que ya había sido observado por Beidler:
que el anión apareado al sodio, podía cambiar
la percepción de salinidad. Así, para una concentración
de sodio dada, el cloruro de sodio era el más excitatorio.
Si se experimentaba con acetato de sodio u otras sales, se
obtenía la respuesta, pero ésta era siempre
menor que con sal común. Era obvio. entonces que el
anión, tenia un efecto importante.
Aunque los fisiólogos estaban confundidos
por el efecto del anión, ninguno intentó seriamente
resolverlo, hasta 1987, cuando el fisiólogo Harry Harper,
entonces en la Compañía Química Stauffer,
propuso que los aniones podrían difundir alrededor
de las células gustativas, a través de las uniones
en empalizada (tight junctions): los sellos semipermeables
entre las capas de células que forman un epitelio,
como el que forman la superficie de la lengua. Harper postuló
que al alterar el medio iónico alrededor de las células,
los aniones podrían modificar la respuesta celular
a las sales.
Aunque la explicación de Harper aportó
una base teórica atractiva, tenía muy poco respaldo
experimenta¡. Además había otras posibilidades,
como la idea que los aniones ejercieran su efecto al entrar
directamente al interior de las células. Sin embargo,
el año 1990 dos investigadores de la universidad de
Duke, S. Simon y E. Elliot, descartaron esta posibilidad al
estudiar el efecto de varios inhibidores de canales de aniones:
ninguno de ellos cambió la respuesta al cloruro de
sodio, en la rata. La conclusión de ellos fue que el
cloruro no pasaba a través de canales al interior de
las células gustativas, y por lo tanto probablemente
fluía alrededor de ellas, como lo había propuesto
Harper.
Sin embargo, su razonamiento era por eliminación,
y por lo tanto se requería una prueba directa de la
hipótesis. Al ver los resultados de Simon y Elliot,
los científicos de la universidad de la comunidad de
Virginia, De Simone, Heck y Ye, concluyeron que podrían
intentar una prueba directa de la teoría.
Justamente Heck había diseñado
recientemente el equipo técnico requerido: una pequeña
cámara, de cinco milímetros de diámetro,
que puede entregar soluciones a una lengua de rata mientras
se registra el voltaje a través de la superficie de
las capas celulares, mediante electrodos.
Usando esta cámara, De Simone, Heck
y Ye hicieron cosas que ningún investigador de gusto
había podido lograr. En vez de poner sólo una
solución salina sobre la lengua de la rata y medir
la respuesta en los nervios gustativos, ellos pudieron medir
simultánea y directamente los cambios eléctricos
a través de la superficie de la lengua, o del epitelio.
Incluso, pudieron controlar el voltaje a través de
la superficie, para ver el efecto que éste tenía
en la respuesta del nervio.
Justamente este tipo de prueba directa era
la requerida para confirmar la proposición de Harper,
Elliot y Simon. Lo primero que observó el equipo de
Virginia, fue que distintas soluciones salinas, tenían
efectos diferentes sobre el voltaje a través del epitelio.
Si se ponía en la cámara gluconato de sodio,
o acetato de sodio, el interior del epitelio era más
positivo con relación a la superficie de la lengua.
Esto se explicaba porque los iones sodio cargados positivamente,
eran llevados hacia el interior del tejido, a través
de las células gustativas, o a través de las
uniones en empalizada. Pero los iones negativos, acetato o
gluconato no podían seguir al ión sodio a la
misma velocidad. Por otra parte, el cloruro de sodio, originaba
solamente un pequeño cambio de voltaje porque el cloruro
(un ión más pequeño que el acetato o
el gluconato) seguía al sodio a través de las
uniones en empalizada al interior del epitelio, en donde su
carga negativa balanceaba en parte la carga positiva del sodio.
Mas aún, el equipo de Virginia encontró
que las diferencias de voltaje se correlacionaban con la respuesta
del nervio a las sales: los voltajes mayores, asociados con
los iones, acetato o gluconato, reducían la respuesta
nerviosa. Según De Simone. esto tiene mucho sentido,
porque mucha carga positiva que se originara en las células
gustativas, dentro del epitelio, aumentaría el voltaje
a través de la membrana de la célula gustativa
creando una condición llamada hiperpolarización.
La hiperpolarización a su vez, haría más
difícil que el sodio originara la excitación
eléctrica que estimula el nervio. Así se explicarían
claramente por qué para conseguir el mismo "gusto
salado" se requieren concentraciones mayores de acetato
o de gluconato de sodio que de cloruro de sodio.
Aunque todo parecía consistente, para
De Simone faltaba la prueba final: controlar voltaje y así
directamente la salinidad. Los investigadores de Virginia
concluyeron que si los aniones actúan influyendo sobre
el voltaje a través del epitelio ellos podrían
experimentalmente mantener el voltaje constante, haciendo
de este modo que la respuesta a todas las sales de sodio fuera
la misma. Para hacer el experimento usaron una técnica
que permite mantener voltaje constante inyectando corriente.
Pudieron comprobar entonces que un voltaje constante era un
gran igualador: la respuesta nerviosa a todas las sales fue
la misma confirmando la hipótesis de que el flujo de
aniones a través de las uniones en empalizada, determinaba
las diferencias gustativas.
El trabajo de los investigadores de Virginia
ha sido recibido con entusiasmo por otros estudiosos de la
fisiología del gusto. Señalan como uno de los
problemas que queda por aclarar, el modo como las uniones
en empalizada restringen el paso de los aniones. Reconocen
como uno de los aportes importantes del trabajo, el hecho
de que señala que las funciones importantes residen
no sólo en las células sino también en
el espacio que queda entre ellas.
Fuente: creces
|