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Los animales pueden emitir
sonidos propios de cada especie, como ladrar, mugir o relinchar,
pero sólo el hombre puede emitir la enorme variedad
de complejos sonidos que son necesarios para hablar. Recientemente
un equipo de investigadores afirma haber ubicado el primer
gene que estaría directamente involucrado en esta capacidad
única, propia del ser humano. El descubrimiento puede
dar algunos indicios de cómo se procesa el lenguaje
en el cerebro, y también "cómo" y
"cuándo" se inició el lenguaje, lo
que constituye un punto clave para conocer la evolución
humana.
El gene individualizado se ha denominado FOXP2.
El fue identificado estudiando a los miembros de una familia
inglesa, que por generaciones ha sufrido un grave desorden
en el lenguaje. En el estudio también se incorporó
un niño que no estaba relacionado con la familia, pero
que presentaba los mismos síntomas.
El descubrimiento fue hecho por un equipo integrado
por Svante Paabo, genetista del Instituto Max Planck en Alemania,
por Phillip Lieberman, investigador en lenguaje de Brown University
en Providence, Rhode Islands y un grupo de otros colaboradores.
Ellos advierten que el descubrimiento aún no es definitivo,
ya que posiblemente el proceso es muy complejo y en él
deben intervenir numerosos otros genes.
La familia que permitió hacer la investigación
ha presentado el desorden del lenguaje por lo menos en tres
generaciones. Cerca de la mitad de los miembros de ella, sufre
de este síndrome. Ellos presentan una variedad de síntomas
que afectan su habla y su lenguaje, desde tergiversar la pronunciación
a poner las palabras en un orden equivocado. También
tienen dificultades para entender el lenguaje. "La base
del déficit radica en una incapacidad para secuenciar
y seleccionar los signos pequeños que forman las palabras
y las frases", señala el neurocientista Varghan-Khadem
del Instituto de Salud Infantil de Londres. Esta incapacidad
se extiende también a las secuencias motoras (musculares),
que hacen posible la emisión de los diferentes sonidos,
teniendo dificultades para cerrar sus labios, abrir su boca
y mover su lengua. Por medio del scanner cerebral, Varghan-Khaden
identifica en estos pacientes un defecto que ubica en el ganglio
basal, región en que se interconecta el centro del
lenguaje con los movimientos musculares necesarios para ello
(ver fig. 1). El gene mutante que los investigadores han identificado
en esta familia, estaría ubicado en el cromosoma 7.
El niño que sin pertenecer a la familia tiene los mismos
síntomas, muestra que el mismo trozo del cromosoma
7, en que estaría ubicado el gene, se ha cambiado de
lugar con un segmento del cromosoma 5.
En estudios moleculares del gene, los investigadores
han encontrado que existe una mutación, en que se ha
cambiado un nucleótido específico en la secuencia
del DNA. Se trata de la adenina, que se ha cambiado por guanina.
Aparentemente este simple cambio transforma en inactivo al
gene, haciéndose así evidente los síntomas
(Nature, Octubre 4, 2001).
El aspecto muscular y motor del síndrome
ha entusiasmado a los investigadores que trabajan con monos.
Michael Tomasello del Instituto Max Planck, señala
que los monos son incapaces de controlar los músculos
de su boca con la precisión que se necesita para pronunciar
las consonantes (fig. 2). "Si esta capacidad no se hubiera
desarrollado en los humanos, habría sido imposible
que nuestra especie hubiera llegado a hablar", señala
Tomasello. Ahora ellos se han puesto a trabajar, tratando
de individualizar este gene FOXP2 en los primates, para establecer
qué diferencias tiene en ellos comparándolo
con la versión humana normal (Science, Octubre 5, 2001,
pág. 32). ¡A lo mejor allí está
la razón porque los monos no llegaron a hablar!.
Fuente:
creces.cl
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