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Durante los últimos
años, las ciencias antropológicas y paleontológicas
han desarrollado y utilizado numerosas y variadas tecnologías
que están permitiendo comenzar a conocer la evolución
de la especie humana, desde que nuestros ancestros descendieron
de los árboles y comenzaron a caminar en dos piernas
hasta el hombre moderno de hoy.
Ahora se han podido comenzar a clasificar mejor
los restos fosilizados, con datas más exactas, de hasta
cientos de miles de años atrás. Sus análisis
han permitido conocer con algún detalle el proceso
evolutivo antropológico del hombre, y las migraciones
que lo llevaron a extenderse a todo el planeta y dominar sobre
todas las otras especies. También los expertos, a través
de otros indicios, han comenzado a esclarecer incluso sus
hábitos y costumbres que predominaron en cada una de
esas lejanas épocas. Todo lo cual constituye un excitante
nuevo campo de investigación que está permitiendo
dar respuesta a las preguntas de siempre, acerca de quiénes
somos y de dónde venimos. No es extraño, entonces,
que los estudios e investigaciones relacionadas con estas
áreas se hayan multiplicado tanto durante los últimos
años y hayan interesado a tanta gente.
En el año 1856, en el Valle de Neander,
cerca de Dusseldorf, se encontraron restos fosilizados que
parecían humanos. Se trataba de huesos fosilizados,
de forma extraña, con rasgos faciales craneales rudos
y extremidades gruesas y curvadas, que hicieron suponer miembros
muy musculosos. Quienes los analizaron en esos tiempos, concluyeron
que evidentemente eran muy antiguos, pero no lograron interpretar
lo que significaban. Muchos pensaron que correspondían
a un jinete cosaco deformado, que se había refugiado
en una cueva y que allí había fallecido. Años
más tarde, Charles Darwin publicó sus ideas
acerca de la evolución de las especies, y esos restos
se comenzaron a mirar en otra forma. "Este era el eslabón
perdido". Desde ese entonces, muchos otros restos fosilizados
semejantes se han comenzado a encontrar en diferentes partes
de Europa, y poco a poco se ha ido concretando la idea de
que ellos corresponden a los primeros habitantes europeos.
Al primero de estos restos se le llamó entonces "el
hombre de Neandertal", en recuerdo al lugar donde se
encontraron.
Ahora
se sabe que hace 200.000 años, los hombres de Neandertal
dominaron Europa y parte de Asia. Ellos tenían un cerebro
grande y eran capaces de fabricar herramientas de piedra,
curar sus heridas y también enterraban a sus muertos.
Sin embargo, muchos paleoantropólogos niegan que sean
nuestros ancestros, por encontrarlos demasiado primitivos
y estúpidos. Estudios muy recientes, en que se ha analizado
el DNA de las mitocondrias de restos de Neandertales, comparándolos
con el DNA mitocondrial del hombre moderno, parecen confirmar
que estos no corresponden a nuestros ancestros, sino más
bien a una especie diferente (Cell, vol.90, pág.19,
1997 y Creces, Noviembre 1997, pág. 24). Sin embargo,
Milford Wolpoff de la Universidad de Michigan, piensa que
estas diferencias del DNA no necesariamente significan que
los Neandertales correspondan a una especie diferente, sino
que simplemente eran más diferentes que nosotros.
En todo caso, ya son numerosos los antecedentes
que parecen confirmar que nuestros ancestros primitivos aparecieron
en Africa hace más o menos 150.000 años (Creces,
Junio 1997, pág. 17) y que sus descendientes, los llamados
"Cro-Mañones", migrando desde allí,
se esparcieron paulatinamente por Europa, hace aproximadamente
40 y 60 mil años.
¿Qué habrá pasado
en estos remotos tiempos?
Si todo esto es cierto, ¿qué
habrá sucedido en esos remotos tiempos, cuando al llegar
a Europa los Cro-Mañones se encontraron que allí
ya estaban los Neandertales? ¿Se produjeron tal vez
allí feroces luchas en que vencieron los más
capacitados? O quizás, el encuentro fue más
amistoso y llegaron a cruzarse? Según Richard Klein
de la Universidad de Stanford, lo único cierto es que
los Neandertales se extinguieron, y si eso sucedió,
el proceso no debe haber sido muy pacífico (New Scientist,
Junio 19, 1999, pág. 42). Probablemente los Neandertales
eran más toscos y fuertes, pero los recién llegados
parecen haber tenido mayor desarrollo de la inteligencia.
Otros en cambio, piensan que los Neandertales
no fueron desplazados, sino más bien absorbidos por
centurias de cruzamientos con los más numerosos, los
Cro-Mañones que fueron llegando. Ahora, al encontrar
nuevos fósiles de Neandertales, y calcular su data,
se concluye que continuaron existiendo, tanto en Europa del
Este como del Oeste, hasta mucho después que llegaron
los Cro-mañones, y que por lo tanto no habrían
sido precoces y definitivamente exterminados. Más aún,
el año recién pasado, los investigadores Joao
Zilhao (Director del Instituto de Arqueología de la
Universidad de Lisboa) y Erik Trinkaus (de la Universidad
de Washington en St Louis, Missouri) encontraron restos óseos
en Portugal, que corresponderían a un niño híbrido,
con características mixtas de estas dos especies. Su
análisis detallado permite observar en él, una
mezcla de rasgos anatómicos de una y otra especie.
Sus mejillas y dientes son los de un niño moderno (Cro-Mañon),
pero sus robustos miembros son característicos del
Neandertal. Según este hallazgo, lo probable es que
haya existido una hibridación entre ambas especies,
a pesar de que físicamente deben haber sido muy diferentes.
Con los parámetros actuales, los Cro-Mañones
se deben haber parecido más al hombre moderno, mientras
que los Neandertal deben haber sido muy feos y toscos (ver
restos óseos, foto 1 y 2).
Un aspecto interesante de los restos encontrados
en Portugal es que el cálculo de su data (realizado
por medio de estudios radioisotópicos) hace suponer
que este niño vivió hace 24.500 años.
Es decir, muchos miles de años después de lo
que previamente se suponía que los Neandertales ya
habían desaparecido. Esto sugiere que la mezcla se
habría producido durante algunos miles de años,
y que habría sido extensa.
Otros investigadores opinan que no hay que
considerar demasiado este único hallazgo de un híbrido,
que bien puede haber sido una excepción. Es muy probable
que la mezcla no fuera fértil, y por lo tanto la hibridación
no se habría podido extender.
Hasta ahora las mayores evidencias las aporta
el trabajo de David Frayer, de la Universidad de Kansas. De
un estudio comparativo de muchos fósiles encontrados
en varias partes de Europa Central y del Este, Frayer deduce
evidencias convincentes de una continuidad biológica.
Su trabajo se basa esencialmente en el análisis detallado
de los dientes y las mandíbulas de los diversos restos,
los que muestran "numerosos caracteres comunes que se
encuentran tanto en los Neandertales como en los que llegaron
posteriormente. Esto confirma que hubo un intercambio de genes
y no una eliminación total de los primeros", dice
Frayer.
Por mucho tiempo parece que estas dos especies
convivieron, y por lo tanto parece lógico pensar que
tuvieron muchas oportunidades de cruzamientos.
Noticias más sorprendentes se han produjeron
en Marzo de 1999, cuando Paul Pettit de la Universidad de
Oxford, encontró restos fósiles de Neandertales
en la cueva Vindija, en Croacia. Ellos tenían una data
de 29 mil años. "Son los Neandertales más
recientes que se hayan encontrado", dice Fred Smith,
un antropólogo de Orthern Illinois University, que
trabaja junto con Pettit.
Todo esto sugiere que estas dos especies coexistieron
en Europa por miles de años. También es posible
que la distribución de ellos se haya mantenido en regiones
distintas de Europa, y no se habría producido una invasión
como la concebimos en el siglo XX.
Por ahora, todo parece indicar que continuará
el misterio de la historia de nuestros ancestros, sin llegar
a entender qué sucedió en el encuentro de esas
aparentemente diferentes especies que un tiempo ocuparon una
misma región. Lo que sí está claro es
que los que llegaron más tarde dominaron la situación,
y no sólo se extendieron por Europa, sino también
por Asia, Australia, y más tarde llegaron a América
(Creces, Agosto 1998, pág. 14).
Fuente:
creces.cl
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