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Aunque el ser humano está
acostumbrado desde la más remota antigüedad al
hecho de que el sol existe y nos da su calor, no han faltado
mentes inquisitivas que se han preguntado qué es el
sol, de dónde proviene esta energía y cómo
se genera. Por ejemplo, el griego Anaxágoras creía
que el sol era una masa de piedra incandescente de unos 56
km. de diámetro; el dogma medioeval lo consideraba
un fuego perfecto, hasta que el descubrimiento de las manchas
solares por Galileo, en 1610, remeció las bases de
esta creencia.
Con anterioridad a 1850, las únicas
teorías relativas a la constitución física
del sol que merecen mención son las de Laplace y Herschel.
Pierre Simon Laplace (1749-1827), repitiendo un poco la idea
de Anaxágora, supone que el sol es un inmenso globo
de materia sólida en estado de ignición; William
Herschel (1738-1822) opina, por su parte, que es un cuerpo
sólido opaco, rodeado por una atmósfera transparente
de decenas de kilómetros de alto, dentro de la cual
flota una capa de nubes luminosas por sí mismas, que
son la fuente de la luz y el calor del sol.
Una hipótesis
Con el paso de los años las preguntas
y sus respuestas se hacen más concretas, ya que el
aumento del conocimiento científico permitió
ir formulando diversas teorías, y la posibilidad de
medir con exactitud la energía recibida del sol permitió
acotar la cantidad que se quería medir y descartar
aquellas hipótesis que daban resultados que no cumplían
estas cotas. Es así como en 1854 el físico alemán
Hermman von Helmholtz (1821-1894) hace notar que el sol proporciona
tanto calor "como si cada hora se quemaran 1.500 libras
de carbón sobre cada pie cuadrado de la superficie...
Su radiación es igual a la acción constante
de 7.000 caballos de fuerza por cada pie cuadrado de la superficie
del sol". Plantea en seguida diferentes teorías
sobre el posible origen de esta energía, que va descartando
sucesivamente en base a argumentos científicos. Por
ejemplo, se podría pensar que la energía se
produce
por combustión química; considerando los elementos
que producen más calor cuando se combinan, el hidrógeno
y el oxígeno, se encuentra que la radiación
de calor se podría mantener a la tasa actual por sólo
alrededor de 3.000 años, en circunstancias que la geología
deja fuera de toda duda de que debernos pensar en millones
de años". También se podría suponer
que la energía se genera debido a que, con toda seguridad,
caen muchos meteoros sobre la superficie del sol, más
que en la Tierra y con mayor velocidad, lo que produciría,
debido al roce, una gran elevación de la temperatura,
sin embargo, para generar la cantidad de energía necesaria
la masa del sol debería aumentar tan rápidamente
que las consecuencias se notarían en la aceleración
de los movimientos de los planetas.
Propone en seguida Helmholtz una nueva teoría
para la solución del problema, la contracción
gravitacional. El sol es una esfera de gas, que se está
contrayendo desde su formación. Al hacerlo, pierde
energía potencial que se transforma en parte en energía
interna y en parte en energía radiante, que escapa
hacia el exterior en forma de calor y luz que llegan hasta
nosotros. Conociendo la masa del sol y su tamaño, Helmholtz
encontró que este proceso puede cubrir el gasto presente
de energía del sol por 22 millones de años en
el pasado y, suponiendo que la contracción pudiera
continuar hasta que el sol alcanzara una densidad similar
a la que tiene actualmente la Tierra, la misma intensidad
de brillo solar se podría mantener por unos 17 millones
de años más. En aquel entonces se consideró
que esta "hipótesis de contracción de Helmholtz-kelvin"
resolvía el problema.
Origen: un enigma
Hoy día, la medición de la constante
solar, o cantidad de energía proveniente del sol recibida
en la Tierra por centímetro cuadrado y por segundo,
después de eliminar la absorción producida por
la atmósfera terrestre, nos permite determinar que
nuestro planeta recibe un flujo constante de alrededor de
8 x 1014 kilowatts, mucho más que la capacidad total
de todas las plantas productoras de energía existente
o proyectadas. Cada metro cuadrado recibe alrededor de 1,5
Kilowatts de energía solar. Para darnos una idea de
lo que esto significa, consideremos que el gran Santiago tiene
un área de alrededor de 150 km2. Tomando un valor promedio
de seis pesos el kilowatt hora, los habitantes tendrían
que cancelar 16.200 millones de pesos diarios para obtener
la luz que nos llega gratuitamente desde del sol. A su vez,
esta cantidad de energía, recibida en la Tierra desde
una fuente que se encuentra a 150 millones de km de distancia,
implica que esta fuente, el sol, produce una energía
de aproximadamente 3,8 x 1023 kilowatts. Y es esta la cantidad
de energía que hay que explicar. Además, la
evidencia geológica nos ha demostrado que no sólo
debemos pensar en millones de años, como lo hacía
Helmholtz, sino en edades del orden de los cinco mil millones
de años.
Con esto la teoría de Helmholtz-Kelvin
quedó descartada, ya que usando los datos más
modernos, da para el sol una edad máxima de unos 100
millones de años, totalmente incompatible con la evidencia
geológica recién mencionada; sin embargo, actualmente
se ha encontrado, en forma teórica, que la producción
de energía por contracción es importante en
algunas etapas de la vida del sol y de las estrellas.
Después de la teoría de
Helmholtz, y hasta fines del siglo pasado, poco se avanza
en la dilucidación del problema de la producción
de energía solar. Con el descubrimiento de la radiactividad
(a fines del siglo pasado), se sugiere que dicha energía
podría provenir de este tipo de fenómenos; pero
el estudio del espectro solar no muestra trazas de elementos
radiactivos.
Fuente: creces.cl
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