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Varios equipos científicos
han encontrado en muchos lugares del mundo evidencias geológicas
de una catástrofe sucedida hace 65 millones de años,
que eliminó aparentemente una gran parte de la vida
oceánica y casi toda la vida terrestre.
Los amonites, moluscos planos en forma de espiral,
que en aquella época alcanzaba un diámetro hasta
1.5 metros, fueron virtualmente aniquilados. De acuerdo a
los restos geológicos, muchos bivalvos y esponjas también
desaparecieron. En este mismo período fueron eliminadas
muchas plantas y animales terrestres, incluyendo a los dinosaurios
que se extinguieron totalmente. También habría
desaparecido el pterosaurio (reptil volador), tres especies
de cocodrilos, por lo menos cuatro familias de tortugas marinas;
los ictiosaurios (reptiles marinos gigantes), los plesiosaurios
y muchas especies más. ¿Qué sucedió?
¿Fue esto gradual o debido a una extinción catastrófica?.
Este es uno de los rompecabezas geológicos más
interesantes, que está apasionando a los científicos
durante los últimos años.
Muchas teorías tratan de explicarlo.
Para algunos, fue debido a un quiebre en la cadena alimentaria
que afectó primero a la vida marina y luego a la terrestre
que dependía de ellos. "Algo" sucedió
en el ambiente que tal vez pudo haber elevado la temperatura
de la Tierra. Para otros la explicación es al revés:
erupciones volcánicas lanzaron cenizas a la atmósfera
y ello habría provocado una caída de la temperatura.
En ambas circunstancias se habría alterado la cadena
trófica comenzando con el plancton marino que habría
desaparecido y siguiendo con toda la vida marina como consecuencia
de ello. Esto en definitiva habría afectado la vida
terrestre. Pero ninguna de estas hipótesis explica
satisfactoriamente por qué desaparecieran totalmente
los reptiles y otras especies de la Tierra.
Nueva hipotesis
En 1980, un grupo de paleontólogos de
la Universidad de California presentó otra hipótesis.
Luis Alvarez, su hijo Walter y dos físicoquímicos,
Frank Asaro y Helen Michel, descubrieron una formación
rocosa en los Apeninos que contenía una concentración
excesivamente alta de iridio. Esta formación medía
aproximadamente 3 centímetros de alto. Debajo de esta
capa estaban los restos petrificados de animales prehistóricos
del período Cretáceo. En la misma capa no había
ningún resto, como tampoco lo había por encima
de ella. Era como una capa geológica que marcaba el
fin de una etapa. Arriba de esta capa había restos
petrificados de otros animales, que corresponden a un período
posterior, el Paleoceno.
El iridio es uno de los muchos elementos que
se denominan siderófilos (afines al fierro) normalmente
presente en muy pequeña cantidad (0,000007%) en las
rocas. Sin embargo, se ha encontrado como un elemento muy
abundante en los meteoritos. La capa que descubrió
Alvarez y colaboradores tenía un altísimo contenido
de iridio (30 veces más que cualquiera otra roca).
De allí nació una nueva hipótesis: que
esta capa que se habría formado en todo el fondo del
mar, correspondiera a elementos provenientes de micrometeoritos,
que durante un cierto número de años cayeron
sobre la Tierra.
Estudios posteriores han permitido comprobar
la existencia de la misma capa de alto contenido de iridio,
en muchas otras zonas geográficas del mundo: Dinamarca,
España, Nueva Zelandia y en el fondo de los océanos
Pacífico y Atlántico. De allí se ha ido
consolidando la hipótesis de que durante el período
de la extinción masiva cayeron sobre la Tierra 500
mil toneladas de un material extraterreno que rápidamente
se depositó sobre la superficie.
¿De dónde provenía este
material? ¿Del sistema solar o de algún otro
lugar del espacio?. El científico Melvin Rudelman,
de la Universidad de Illinois, sugiere que esto podría
haber sucedido después de una gigantesca explosión
de una supernova, que lanzó rayos gamma al espacio
y que podía haber arrastrado micrometeoritos a la Tierra
y la Luna. Estudios posteriores desestimaron esta hipótesis,
porque no puede explicar toda la enorme cantidad de iridio
que se depositó.
Sin embargo, se sigue pensando en la posibilidad
de una supernova. Paolo Maffei, del observatorio Astroférico
de Catania, en Italia, ha estudiado la posibilidad de una
explosión gigantesca que habría ocurrido a una
distancia de 1.000 años luz del sistema solar, al final
del período mesozoico.
La otra posibilidad es que este material haya
provenido del sistema solar y que la Tierra se haya encontrado
con un meteorito, un asteroide o con un cometa. En la primera
posibilidad, la Tierra debió haber chocado con un meteorito
de un diámetro superior a los 10 kilómetros.
Richard Grieve, del Departamento de Energía, Minas
y Recursos del Canadá, sugiere que después del
choque, el material haya reentrado por rebote a la atmósfera
y luego haya caído el iridio en forma de lluvia sobre
la Tierra.
La otra posibilidad es que haya sido un cometa
que se acercó a la Tierra. Los cometas tienen una baja
densidad y están compuestos especialmente de hielo.
Es difícil que éste hubiera contenido sustancias
siderófilas en cantidad tal como para provocar el fenómeno.
Cualquiera de las dos hipótesis afirma
que se debiera haber producido una catástrofe muy rápida.
Según M. Clibe y William Naiper, del Observatorio Real
de Edimburgo, un aerolito de 10 kilómetros de diámetro
produciría una onda de shock que no sólo podría
destruir los bosques, sino también todos los animales
mayores. Si un aerolito de ese tamaño cayera en el
mar, produciría olas de más de ocho kilómetros
de alto.
Fotosíntesis
Según Walter Alvarez, aun este tipo
de impacto no sería suficiente como para causar toda
la extinción del período mesozoico. Ellos sugieren
que necesariamente se debiera haber levantado una gran nube
de partículas que alcanzó la estratósfera,
e hizo la atmósfera menos transparente, alterando así
la fotosíntesis. Ello explicaría la desaparición
total de la vida vegetal en la Tierra y del plancton en el
mar. Como consecuencia de ello, fallecieron posteriormente
los animales que se alimentaban de esos alimentos. Una vez
pasado el fenómeno, esporas y semillas que quedaron
volvieron a germinar con lo que renació el proceso
evolutivo y comenzó a repoblarse el océano con
invertebrados y luego animales más diferenciados.
En todo caso el misterio continúa
y aún nadie puede explicar con seguridad por qué
desaparecieron los dinosaurios hace 64 millones de años.
Fuente:
creces.cl
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