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Las canes dentales constituyen
una de las enfermedades crónicas más frecuentes
que afectan a la raza humana. Con toda propiedad es posible
asegurar que, en cualquier momento, un porcentaje superior
a la mitad de la población está siendo víctima
de un proceso cariogénico.
Diversos factores predisponen al individuo
a adquirir caries. Entre ellos, la calidad de la dieta es
uno de los fundamentales. Una dieta rica en hidratos de carbono
facilitará la formación de la placa bacteriana,
estructura de composición física y química
variable que permite la colonización bacteriana. Las
propiedades adhesivas de la placa bacteriana de gran importancia
en el proceso cariogénico están dadas por una
glicoproteina de origen salival que además sirve como
elemento nutritivo a los microorganismos.
Los hidratos de carbono de la dieta, especialmente
la sacarosa, son precursores de polisacáridos extracelulares
como el dextrano, altamente adhesivos y predisponentes a la
acumulación de microorganismos. Entre estos el mas
importante en el proceso cariogénico humano es el esterptococo
mutans.
Se ha atribuido también a la morfología
central alguna responsabilidad en la formación de caries.
Aquellas piezas que presentan mayor cantidad de fisuras, oclusiones
u otras irregularidades tienden a acumular mayor cantidad
de comida, bacterias o residuos. No es de extrañar
entonces que los molares muestren mayor frecuencia de caries
que los caninos que tienen una estructura mas lisa.
Dieta versus caries: un problema antiguo
La relación causal entre determinado
tipo de dietas y generación de caries ha sido establecido
desde la antigüedad. Aristóteles advertía
a sus congéneres que los higos, cuando eran suaves
y dulces, hacían daño a los dientes pues se
adherían y causaban "putrefacción".
En general hay acuerdo entre los antropólogos en que
los procesos de refinación de alimentos que se produjeron
a partir del siglo XVIII provocaron un gran incremento en
la incidencia de caries
Moore y Corbett, investigadores ingleses, evaluaron
los cambios producidos en la dieta de los británicos
desde la Edad de Hierro, período en el cual se supone
que la incidencia de caries era baja, hasta el siglo XIX,
momento en el cual un porcentaje importante de la población
pasó de ser "grosera" en términos
de la ingestión de hidratos de carbono feculosos no
refinados de gran tamaño molecular, a un tipo más
"moderno" de dieta en la que se consumían
grandes cantidades de azúcar y harina blanca refinada.
Esta relación directa entre el consumo
de alimentos refinados y la aparición de caries, también
ha podido ser evaluada en períodos en los que la disponibilidad
de alimentos disminuyó. Tal es el caso de las Guerras
Mundiales, en las que la frecuencia de aparición de
caries dentales disminuyó en momentos en que la población
debió consumir una parte importante de sus calorías
en forma de verduras, pescados, aceites, etc. Pocos años
después que la guerra terminara y cuando se eliminaron
las restricciones alimentarias, se recuperaron los altos niveles
de incidencia de caries.
Por último, es importante considerar
que el consumo de azúcar en los últimos años
ha aumentado considerablemente, del mismo modo como ha aumentado
la incidencia de caries. En el siglo XVII la ingesta diaria
de azúcar era 12 gramos, en el siglo XIX de 25 gramos
y en la actualidad se eleva más allá de los
100 gramos. Estos datos varían de acuerdo al grado
de desarrollo de los países, pero no cabe duda de que
la tendencia entre el consumo de alimentos azucarados y la
incidencia de caries permanece inmutable.
La dieta cariogénica
De lo expuesto en los párrafos anteriores
se puede ya deducir que existe un tipo de alimento que predispone
a la producción de caries. Es importante, sin embargo,
describir de un modo más detallado algunas características
que hacen que estos alimentos sean definitivamente cariogénicos.
1. Propiedades físicas
* Adhesividad.
Cuanto más adhesivo sea el alimento,
mayor tiempo permanecerá unido a la pieza dentaria,
lo que determinará una mejor disponibilidad para la
metabolización por bacterias cariogénicas. Es
el caso de los chicles, masticables, turrones, etc.
* Consistencia.
Un alimento duro y fibroso como la manzana,
el apio, la zanahoria, ejercerá una acción detergente
sobre la pieza dental, no así uno blando con mayor
tendencia a adherirse, como es el caso de las galletas, los
chocolates, etc.
* Tamaño de la partícula.
Alimentos formados por partículas de
tamaño pequeño tienen una mayor probabilidad
de quedar retenidos en surcos y fisuras, no así los
de gran tamaño.
2. Ocasión en
que se consume el alimento
La cariogenicidad de un alimento es mayor al
ser comido entre las comidas que cuando se ingiere durante
ellas. Ello debido a que durante las comidas se produce una
mayor salivación y lo variado de la alimentación
obliga a un aumento de los movimientos musculares de mejillas,
labios y lengua con lo que se acelera la eliminación
de residuos.
3. Frecuencia
Mientras más veces al día se
esté ingiriendo alimentos ricos en hidratos de carbono,
mayor será el potencial cariogénico de éstos.
Alimentos anticariogénicos
Del mismo modo como existen alimentos que predisponen
a la aparición de caries, existen otros que presentan
un efecto inhibitorio sobre el procesos cariogénico.
Mencionaremos los principales.
1. Fluor
Seguramente es el elemento más conocido
y mejor reputado por su potencial anticariogénico.
Frecuentemente su ingesta es insuficiente, por lo que se ha
recomendado su incorporación en alimentos de uso masivo.
Químicamente el flúor actúa reemplazando
el ion hidróxilo del cristal de hidroxiapatita del
esmalte dental formando fluorapatita, que es más resistente
al ataque bacteriano. También administrado en forma
tópica puede formar fluoruro de calcio en la capa externa
del esmalte.
2. Calcio y fósforo
Dado que son elementos básicos en la
composición dentaria, se piensa que una dieta que los
contenga evita la desmineralización del diente.
3. Hierro
Estudios realizados en animales han demostrado
que la adición de hierro a la dieta revierte el proceso
cariogénico.
4. Proteínas
También en este caso, la mantención
de animales en una dieta pobre en proteínas aumenta
significativamente el riesgo de desarrollar caries. Diversas
teorías se han elaborado para explicar este efecto
protector, pero no hay evidencias experimentales que ratifiquen
una o la otra.
5. Grasas
Un aumento en la ingestión de grasas previene la aparición
de caries, dado, en primer lugar, que las grasas reemplazan
calorías de hidratos de carbono y, además, porque
forman una película protectora sobre los dientes que
impide la formación de la placa bacteriana. Un ejemplo
de este efecto lo constituyen los esquimales que ingieren
una dieta muy rica en grasas y que muestran una muy baja prevalencia
de caries.
Como hemos podido apreciar, existen pocas dudas
del rol cariogénico de muchos alimentos de consumo
frecuente en nuestra población. Datos provenientes
de estudios realizados en Chile por las autoras de este trabajo
demuestran que` más de la mitad de los niños
de quinto año básico de escuelas de Santiago,
distribuidas en todos los niveles socioeconómicos,
ingería una dieta estimada como de mediana cariogenicidad.
Casi el 36 por ciento de ellos consumía una dieta de
alta cariogenicidad, lo que, en conjunto, hace que más
del 90 por ciento de los niños de esa edad esté
expuesto a tener caries por la vía de sus hábitos
alimenticios.
Otros estudios han puesto de relieve
el impacto que las campañas educativas suelen tener
en los hábitos de aseo bucal en los párvulos
y niños menores, en donde la motivación de los
maestros ha sido traspasada a los educandos, obteniéndose
niveles de incidencia de caries significativamente menores.
Fuente: Creces.cl
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