|
Esta basura esta constituida
por elementos provenientes de las mas diversas fuentes: restos
de satélites que se han destruido, piezas de cohetes
que han estallado, cerámicas desprendidas, etc. Toda
esta basura que viaja a velocidades de hasta 50.000 kilómetros
por hora (dependiendo de la altura), puede destruir un satélite
o una nave. No importa el tamaño, porque incluso trozos
de pintura de hasta unos pocos milímetros pueden perforar
de lado a lado el fuselaje de una nave.
La mayor parte de esta basura es de pequeño
tamaño y por lo tanto no se puede detectar desde la
Tierra. Los de mayor tamaño que ya se han ubicado,
suman más de 20.000. Hasta ahora los accidentes habían
sido pequeños, pero por primera vez se constató
una colisión que destruyó parte de un satélite
y que prácticamente lo inutilizó. Se trata de
un satélite espía francés llamado Cerise,
que costó 20 millones de dólares y que fue lanzado
en Julio de 1999. Se había programado que durara dos
años en funcionamiento.
El satélite chocó con un trozo
del cohete Ariane, que viajaba a una altura de 700 kilómetros,
a una velocidad de 50.000 kilómetros por hora. En un
primer momento los franceses sólo se percataron que
el satélite estaba girando fuera de su curso. Fue mas
tarde, y con la ayuda de la NASA, que se comprobó que
había chocado con esa basura. Para consuelo de los
franceses, de poco les habría servido de que hubieran
sido advertidos con anterioridad de la eminencia del choque,
ya que no se podía hacer nada para impedirlo, porque
tampoco era posible maniobrar para esquivar el impacto.
El satélite Cerise quedó
girando sobre sí mismo, como una nave sin timón.
Con todo, los controladores piensan que se podría volver
a estabilizar usando los electromagnetos del satélite,
de modo que interactúen con los campos electromagnéticos
de la Tierra. Los técnicos creen que, en todo caso,
tomará más de un mes sólo el reescribir
el software que controla los electromagnetos.
Fuente: creces.cl
|