|
Ya se ha conseguido cultivar
células humanas en el laboratorio, pero ahora se trata
de organizarlas de modo que lleguen a formar tejidos o aun
órganos completos. Pero para ella, entre otras cosas,
se necesita un soporte donde las células que se multiplican
puedan adherirse.
Actualmente son varios los centros que están
investigando para buscar un sistema que permita cultivar células
y que éstas lleguen a organizarse en capas gruesas.
Ya se ha conseguido también fabricar soportes de plásticos
biodegradables de estructura enrejada (como una esponja),
que sean capaces de sostener las células para que se
vayan adhiriendo y adquiriendo la forma deseada. Para algunos
tejidos simples, como piel cartílago, ella ya se ha
conseguido y con ellos se están hacienda los primeros
ensayos clínicos.
Pero mejor noticia han sido las avances en
la química de polímeros, que está permitiendo
fabricar verdaderos biorreactores, donde al cultivar células
se podría llegar a fabricar órganos. Así
por ejemplo, hace dos meses el equipo de la Universidad de
Harvard, liderado par el ingeniero Anthony Atala, publicó
en la revista "Nature Biochemestry", un trabajo
en que señala que han fabricado una vejiga urinaria
que ha funcionado muy bien en perros. Por otra parte, Laura
Miklason de la Universidad de Duke en Durham, Carolina del
Norte, y colaboradores, dicen haber fabricado arterias para
cerdos. Se sabe que otros equipos están tratando de
fabricar hígados y riñones (Science, Abril 16,1999,
vol. 284, pág. 422).
Tejidos en tres dimensiones
El primer órgano interno producido por
bioingenería ha sido una vejiga urinaria. AtaIa y su
equipo han estado trabajando en ello por más de nueve
años. En una primera etapa tuvieron que aislar la cantidad
de células necesarias y luego cultivarlas en placas
petri. Comenzaron cultivando células musculares lisas,
extraídas de la vejiga de perros, que crecieron y llegaron
a formar la superficie externa de la vejiga. Luego tuvieron
que cultivar las células epiteliales (llamadas uroteliales)
para cubrir la superficie interna del órgano. "Ello
ya fue más complicado", dicen los autores.
Tuvieron que buscar mucho el polímero
adecuado que les sirviera de andamiaje para el cultivo celular.
Este tenía que ser lo suficientemente elástico
como para permitir el ajuste de las células que se
multiplicaban. Además, tenía que ser lo suficientemente
poroso, como para permitir que los fluidos bañaran
los tejidos, para así proporcionarle a las células
los nutrientes necesarios y que también por allí
escurrieran los subproductos celulares. Por otra parte, este
polímero tenía que ser degradable, para que
pudiera retirarse y que las células se unieran para
formar tejidos. Todo ello lo consiguió con un polímero
llamado ácido poliglicólico, que había
producido Robert Langer del Massachusetts Institute of Technology.
Con él fabricaron un molde en forma de vejiga y luego
la recubrieron con un segundo polímero, llamado "polilactido-coglicolico".
En
una segunda etapa colocaron en la superficie interna del polímero
las células uroteliales, y luego las células
musculares en la superficie externa. Un medio de cultivo estéril
les proporcionaban los nutrientes por 7 días. Más
tarde, reemplazaron quirúrgicamente la vejiga recién
fabricada por la vejiga natural. A los tres meses, los polímeros
habían desaparecido del tejido, y el organismo de los
perritos fue infiltrando progresivamente el nuevo tejido con
vasos sanguíneos. También la vejiga desarrolló
una inervación de modo que los perros podían
controlar su vaciamiento.
Actualmente los investigadores están
solicitando autorización para iniciar los ensayos clínicos
en los miles de enfermos cuya vejiga urinaria se ha dañado,
ya sea por accidentes, infecciones crónicas o por malformaciones
congénitas.
Construyendo vasos
sanguíneos
Tan exitoso como el trabajo de la vejiga artificial
está siendo también la fabricación de
arterias artificiales. En ella han estado trabajando el equipo
formado por Laura Micklson y Robert Langer. Anteriormente
Franca Augure y colaboradores de la Universidad de Lava, en
Quebec, ya habían logrado ensamblar vasos sanguíneos
cultivando células musculares lisas, células
endoteliales del cordón umbilical y fibroblastos tomados
de la piel humana. (The FASEB Journal, Enero 1998).
Para lograr esto, ellos cultivaron las células
en superficie, sin un polímero de soporte. Cada uno
de estos tres tipos de células los cultivaron por separado
y luego los pusieron en capas sucesivas, de modo que las células
endoteliales formaban la superficie interior. Dándole
la forma de un vaso sanguíneo lo instalaron en perros;
pero desgraciadamente después de una semana, la sangre
filtró entre las capas de células y en algunos
de estos vasos se formaron coágulos que los obstruyeron.
Las experiencias de Langer, en cambio, las
hicieron utilizando tubos de ácido poliglicólico,
parcialmente hidrolizado con hidróxido de sodio. Esto
permitió crear grupos hidroxilos que atrajeron más
células para que adhirieran a él. Con ello se
construyeron arterias que ya se han utilizado para reemplazar
arterias en extremidades de cerdos, con lo que se ha logrado
retardar notablemente la formación de coágulos.
Aun cuando los autores piensan que hay que mejorar aún
más el proceso, ya con lo logrado se abren grandes
posibilidades en la cirugía cardiovascular. Se podría,
por ejemplo, utilizar este tipo de vaso sanguíneo en
las operaciones de bypass coronarios, especialmente si no
hay arterias disponibles del mismo enfermo.
Cómo producir organos completos
Claro que ha sido un éxito lograr fabricar
una vejiga a una arteria, las que están formadas sólo
por finas capas de células. Pero otra cosa es fabricar
un órgano completo, como sería el caso de un
hígado o un riñón. Para ella no sólo
se va a necesitar el cultivo de las células respectivas,
sino también el desarrollo de la red de vasos sanguíneos
(arterias y venas) que permitan que la sangre llegue a cada
célula. Este es, sin duda, el gran desafío.
Con todo, ya se ha logrado algún progreso.
Joseph Vacanti de la Escuela de Medicina de la Universidad
de Harvard y Linda Griffith del Massachusetts Institute of
Technology de Boston, han publicado recientemente dos trabajos
(Annals of the New York Academy of Science, Diciembre 1997
y Annals of Surgery, Julio 1998) en que comunican sus éxitos
obtenidos en la fabricación de un hígado, con
su propio suministro de sangre.
Para hacer esto, los autores crearon primero
un andamiaje de plástico, hecho de poliláctido
y un polímero llamado poliglicólico, que contiene
canales que permiten la circulación de líquido
y el desarrollo de capilares dentro del tejido. El truco que
utilizaron en la fabricación del andamiaje lo denominan
"impresión tridimensional" (3DP) que fue
originalmente diseñado para moldear intrincadas partes
de motores. Depositando capas sucesivas de polímeros,
se van creando estructuras internas complejas con canales
estrechos de 300 micrómetros. Cuando los investigadores
sembraron esta matriz con células de hígado
de rata y células endoteliales, y además durante
cinco semanas le suministraron un medio nutritivo, las células
no sólo sobrevivieron, sino que además se organizaron
en estructuras semejantes al tejido hepático. Lo que
es más promisorio, es el hecho de que estas células
fueron capaces de producir albúmina (proteína
normalmente sintetizada en el hígado), en la misma
forma que lo hace un hígado real.
Sin embargo, a pesar de estos prometedores
avances, aún hay grandes desafíos por delante.
En el proceso de construir un órgano, además
de la vascularización necesaria, también se
necesita el cableado que la conecte con el sistema nervioso,
lo que en definitiva regula su función. "Esto
es lo que le da el ajuste definitivo", dice Christine
Schmidt de la Universidad de Texas, que ha estado diseñando
los métodos para hacer crecer los nervios necesarios.
"Cuando todo esto se aclare, luego tendrán
que venir todos los problemas de producción y control
de calidad" dice Gail Naughton, Presidente de Advances
Tissue Sciences, una firma biotecnológica de La Jolla
(California) que ya está trabajando en la ingeniería
de tejidos. Hay que desarrollar métodos para asegurar
la esterilidad, el funcionamiento mecánico y funcional,
de igual forma que se deberán perfeccionar métodos
para congelar tejidos y perfeccionar una producción
de economía en escala, dada la enorme demanda que ya
se puede presumir. Pero lo cierto es que se ha avanzado bastante,
lo que hace optimistas a los investigadores y posibles productores.
Si se logra producir órganos a partir de células
del propio interesado, se eliminaría el problema del
rechazo.
Fuente: creces.cl
|