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Dicen que la distancia
es el olvido
¿Quién no ha pololeado con alguien
de su colegio o de su barrio? ¿Quién no ha cultivado
sus mejores amistades entre quienes viven, estudian o trabajan
cerca suyo? Uno de los factores responsables de la atracción
interpersonal es la proximidad.
Investigadores norteamericanos han comprobado
que es alto el porcentaje de dueñas de casa que eligen
como amigos a los vecinos inmediatos, o a los siguientes,
en comparación con las que eligen como amigos a los
de tres o cuatro puertas más lejos de su casa. También
se ha observado que en las salas de clase donde los alumnos
son sentados por orden alfabético, es frecuente que
las amistades se produzcan más a menudo entre aquellos
cuyos apellidos comiencen con la misma letra o con letras
próximas en el alfabeto.
Sin embargo, no es la cercanía el factor
más importante ni mucho menos. Los grupos estudiados
son más o menos homogéneos en cuanto a otros
determinantes también, en cierto sentido, responsables
por la atracción entre las personas: edad, nivel cultural,
nivel socioeconómico, aspiraciones profesionales, intereses.
Cuando se trata de grupos heterogéneos, la influencia
de la proximidad es mucho menor y las amistades se hacen teniendo
en cuenta otros factores. La proximidad resulta ser, entonces,
más un requisito que un factor causal de la atracción:
entre las personas que tenemos cerca elegimos a nuestros amigos
y parejas según otro tipo de determinantes.
La persona atractiva
¿Y cuales son estos otros determinantes?
Uno lo son ciertas características personales que producen
atracción. Por cierto, nos sentimos atraídos
por personas inteligentes, simpáticas, generosas. Pero
la relevancia de estos rasgos tampoco es absoluta. Paradójicamente.
un individuo demasiado perfecto no suele provocar demasiada
atracción, un signo de debilidad en el lo hace más
atractivo..
Muchos hombres se sienten incómodos
ante una mujer muy inteligente, acaso porque inteligencia
implica competencia e independencia y a les varones les gusta
sentirse necesarios. Muchas mujeres consideran que los hombres
con muchos atributos positivos - intelectualmente brillantes,
honestos, decididos, etc. - son inabordables y sobrehumanos.
Un
interesante experimento sobre el tema fue desarrollado por
los psicólogos Aronson, Willerman y Floyd. Se les hizo
escuchar a cuatro grupos de personas una cinta grabada sobre
una entrevista, con el fin de que evaluaran al entrevistado
según la impresión causada. Cada cinta - todas
protagonizadas por el mismo actor y con el mismo tono de voz-
era diferente. En la primera, el sujeto mostraba un alto grado
de competencia, se notaba inteligente, muy profesional y contestaba
prácticamente todas las preguntas de modo correcto.
En la segunda cinta, el sujeto se mostraba más bien
mediocre, contestaba bien sólo el treinta por ciento
de las preguntas y admitía haber tenido una vida estudiantil
y profesional regular. En las otras dos grabaciones se repetían
estas versiones, pero los sujetos provocaban al final una
situación embarazosa derramaban torpemente sobre su
ropa una taza de café. (Este desastre era simulado
en la cinta con ruido de vajilla al golpearse, corrimiento
de una silla y la exclamación ¡ Oh, he tirado
el café sobre mi traje nuevo!).
Había pues cuatro situaciones: a) Una
persona de aptitud superior que cometía una torpeza,
b) otra que no, c) una persona mediocre que cometía
una torpeza, d) otra que no. El primer sujeto fue evaluado
como máximamente atractivo, el segundo quedó
en segundo lugar, el cuarto en tercer lugar y el sujeto tercero
acabó siendo valorado como el menos atractivo.
El hecho de derramarse una taza de café
sobre el traje (un signo de debilidad) contribuyó a
hacer más atractiva a la persona perfecta, por el contrario
el mismo suceso contribuye a hacer mas mediocre a la persona
mediocre y en consecuencia menos atractiva.
En suma, puros atributos positivos en un individuo
provocan menos atracción que si a esas virtudes se
les agrega unas gotas de líquido de la falibilidad.
La insoportable belleza
¿Es el mundo de los bellos? No. No es
tan así la cosa. Aunque lo parece muchas veces. A la
hora de determinar ascensos, salarios, oportunidades o calificaciones,
el juicio crítico de empresarios y profesores puede
verse influido - conscientemente o inconscientemente - por
el atractivo físico del hombre o la mujer que tienen
delante. Los adultos atribuyen menos culpa a, y son más
permisivos con, los niños bonitos antes que los feos.
En los colegios, generalmente, las personas físicamente
atractivas son las más queridas por sus compañeros.
Si se quiere conseguir algo, ayuda mucho más si se
es más bello que feo. Todo esto, en un primer momento,
o cuando la relación que se mantiene con el sujeto
atractivo es breve. Si la relación se alarga, la pura
belleza no basta.
El asunto, de acuerdo a las investigaciones
psicosociales, es así: de entrada la belleza física
provoca en muchos casos "efecto de halo" esto es,
se extiende la valoración positiva de su atractivo
físico (observable) a la entera persona del sujeto,
atribuyéndosele otras cualidades positivas (no observables
aún y que, por lo tanto, puede o no tener). Así,
al conocer una mujer buenamoza nos parece, además,
simpática,
inteligente, sexy, divertida, etc. Una mujer puede incluso,
ver a un hombre apuesto mas alto de lo que realmente es. Por
eso, en un primer momento la belleza física es un poderoso
factor de atracción, pero esta percepción contaminada-
este "efecto de halo"- suele disolverse en un tiempo
no muy largo si la persona no posee verdaderamente las características
atribuidas.
Una relación afectiva con alguien basada
sólo en su atractivo físico no será duradera.
La belleza es un fuerte determinante para establecer una relación,
pero no para mantenerla.
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