Los virus: pequeños grandes demonios

No existe una sintomatología específica de los virus. Por lo general se presentan como infección, con fiebre, malestar general y decaimiento. Si son respiratorios, se ve una faringe seca y dificultad para tragar. Si son digestivos, habrá diarrea, vómitos y dolores musculares. Si se trata de resfrío común, se observará congestión nasal más que nada. El ciclo de vida estándar de un virus es de 7 a 10 días, aunque existen otros que permanecen en el cuerpo como el SIDA y que son muy difíciles de erradicar.

Fuente: Revista Temas de Vida, Isapre Vida Tres

Con una alta facilidad de contagio y una permanencia de entre siete a diez días en el organismo, los virus son los responsables de las enfermedades más comunes y frecuentes que hacen tambalear tanto a adultos como niños.

Han pasado 300 años desde que el científico holandés Anton Leeuwenhoek, al crear el microscopio en 1676, pudo observar asombrosos "pequeños animales" que hasta ese momento ni las más locas fantasías hubieran imaginado. Desde entonces, la ciencia ha descubierto más de cinco mil virus diferentes que afectan a los seres humanos. Hoy se avanza en la investigación de vacunas para erradicarlos.

Los virus son la expresión mínima de vida activa. Se trata de organismos constituidos principalmente por un núcleo, con capacidad de multiplicarse de manera muy violenta y fácil cuando se dan las condiciones y causar enfermedades a través de los síntomas y alteraciones que producen.

Algunos los confunden con las bacterias, que son mucho mayores de tamaño y bastante más complejas en su funcionamiento. Lo que en realidad tienen en común es que ambos pueden producir enfermedades como neumonía, amigdalitis o faringitis, entre las más frecuentes.

Como sus síntomas son muy similares, sólo el médico está capacitado para determinar el origen de una enfermedad. Conocerlo es indispensable a la hora de definir el tratamiento.

Si es bacterial, el tratamiento será con antibióticos, encargados de eliminar las bacterias más frecuentes del organismo.

Cuando es viral no hay mucho que hacer. Una de las principales características del virus es que no tiene tratamiento salvo casos muy específicos y menos frecuentes. Lo único que se recomienda son cuidados generales. Ayudar al cuerpo a luchar contra éste: un ambiente con temperatura agradable y buena hidratación así como un adecuado control de la fiebre.

Si se han producido diarreas y vómitos, lo principal es reponer las pérdidas de agua y sal. El gran riesgo es la deshidratación que se puede producir en las primeras 24 a 48 horas, cuando los vómitos dificultan la ingestión de líquido. La solución es tomar agua constantemente y en pequeñas cantidades. Ofrecer una dieta liviana (jugos, jaleas) y no preocuparse si el niño no come. El organismo necesita mayores recursos circulatorios, por lo que le ordena al aparato digestivo funcionar lentamente para emplear la sangre en otras partes.

Enemigo de mil caras

Existen muchos tipos de virus, entre otros, los que atacan al aparato respiratorio, al aparato digestivo y al sistema nervioso central.

En los niños, los virus más comunes son los que originan enfermedades respiratorias. Entre éstos hay una gran variedad y todos se identifican como estados gripales.

El resfrío común (existen más de 200 virus que lo causan) muchas veces se confunde con el adenovirus, que provoca infección en otros órganos como el intestino, o las conjuntivas, y también puede ser grave cuando ataca al pulmón.

La influenza produce un cuadro febril muy importante de cuatro o cinco días y puede ocasionar bastante neumonitis. El sincicial respiratorio en los adultos origina molestias muy vagas, pero en los niños desencadena la bronqueolitis, enfermedad bastante complicada y que en los más pequeños puede llegar a necesitar ventilación mecánica.

Luego, vienen los virus digestivos. De ellos el más conocido es el rotavirus, responsable del 40 ó 50 por ciento de las diarreas en cualquier época del año. También los adenovirus producen síntomas digestivos. Otro grupo son los enterovirus, cuya complicación más frecuente es las meningitis viral.

Más conocidos como "pestes", el sarampión, la rubéola, la parotiditis o paperas y la varicela, también son virus. Aunque cada vez se ven menos gracias a las vacunas.

Fácil propagación

La inmensa mayoría de los virus comunes se contagian por vía aérea (por la boca). También por el contacto de manos o de objetos manipulados por muchas personas. Esto ocurre porque los enfermos se tocan con frecuencia la nariz y luego sus manos contaminadas van repartiendo la infección. En este sentido, las salas cunas y jardines infantiles son caldos de cultivo.

Los virus digestivos y respiratorios se dan más en niños en etapa pre-escolar hasta los 5 ó 6 años. Luego, cuando entran al colegio, van adquiriendo hábitos de higiene y empiezan a crear anticuerpos hacia los virus que ya han tenido.

El niño, al revés de lo que piensa la mayoría de la gente, tiene el aparato inmunitario más perfecto. Lo que no tiene es experiencia. Por esto, primero conoce al virus, luego crea anticuerpos que lo erradican y finalmente, guarda la información. En los primeros años de vida va acumulando una memoria que le permite a los 5 ó 6 años reconocer a la mayoría de los virus y reaccionar eficientemente cuando se presentan de nuevo.

Síntomas Variados

No existe una sintomatología específica de los virus. Por lo general se presenta como infección, con fiebre, malestar general y decaimiento.

En los virus respiratorios comúnmente se ve una faringe seca y dificultad para tragar. Si son digestivos, habrá diarrea, vómitos y dolores musculares. Si se trata de resfrío común, se observará congestión nasal más que nada. En todo caso, el ciclo de vida estándar de un virus es de 7 a 10 días. Existen otros que permanecen en el cuerpo como el SIDA y que son muy difíciles de erradicar.

En cuanto a las secuelas, depende del virus. La influenza puede desencadenar una neumonía. Además, se inflaman la mucosa y submucosa del pulmón, lo que trae como consecuencia el que la persona queda propensa a adquirir otras infecciones secundarias. Lo mismo pasa con los virus de la varicela y la mononucleosis. Se produce una baja inmunitaria que es aprovechada por otros virus y bacterias.

Hoy es posible prevenir algunos de estos riesgos. A los niños con problemas respiratorios y los adultos mayores se les recomienda vacunarse contra la gripe o influenza. Esta vacuna es muy eficiente y el ideal es colocarla entre mediados de marzo y abril para lograr la máxima inmunidad entre mayo y agosto. Debe repetirse todos los años porque los virus van mutando.

En general, no existen predisposiciones a contraer virus. Hay excepciones como deficiencias inmunológicas espontáneas, pero son bastante raras. Hay algunas personas, que si bien son capaces de manejar el virus general en todo el organismo, tienen fallas locales. El caso más típico es el virus herpes.

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