





Nuevas prácticas en el pabellón: un parto más humano
Una de las prácticas más cuestionadas es el caso de medicar o exagerar en la anestesia. Está comprobado que los medicamentos alteran el estado de la mente y el cuerpo de la mujer, a tal punto que la forma de realizar este acto íntimo queda manipulado y alejado de la verdadera sensación de parir.
Fuente: Padres OK
Realizar
un rasurado púbico, un edema -uso de una sonda para eliminar desechos intestinales-
o incluso utilizar la posición horizontal para el trabajo de parto, son
prácticas que aunque se usan, están en verdadero cuestionamiento.
Si bien no producen daño, son procedimientos que muchas veces están de más y no contribuyen, ya que hay prácticas efectivas durante el parto y otras que es mejor evitar.
La historia de la obstetricia y ginecología ha estado siempre ligada a la historia de la Humanidad.
Sin embargo, aunque el ser humano siempre ha necesitado ayuda para un buen alumbramiento, existen algunas prácticas que se han mantenido por años y que son innecesarias e incluso perjudiciales.
La crítica también se ha transformado en una autocrítica de los mismos médicos, como la afirmación hecha por el reconocido obstetra europeo Michel Odent, quien ha señalado que "La obstetricia, disciplina dominada por el hombre médico, nunca ha comprendido la fisiología del parto".
Durante el Congreso Mundial de Ginecología y Obstetricia, Figo 2003, que se realizó en Santiago y reunió a cientos de especialistas, uno de los temas más comentados fue el debate generado sobre la utilidad de ciertos procedimientos habituales durante el parto.
Sin embargo, ya en el 2000, la oficina regional europea de la OMS, la Organización Panamericana de Salud y la oficina regional de la OMS para las Américas organizaron una conferencia sobre la tecnología apropiada para el parto.
La conferencia tuvo lugar en Fortaleza, Brasil, con la asistencia de más de 50 participantes: comadronas, matronas, obstetras, pediatras, epidemiólogos, sociólogos, psicólogos, economistas, administradores sanitarios y madres.
La cuidadosa revisión de los conocimientos sobre la tecnología para el parto llevó a la adopción unánime de varias recomendaciones que resultan impactantes ya que por ejemplo, se recomienda no realizar inducciones o cesáreas sin una clara indicación, ni rasurado, ni lavado, etc., prácticas que muchas veces parecen estar arraigadas en Chile.
Aunque la OMS sugiere que estas prácticas se realicen según la realidad de cada país, es muy enfática en decir que "la humanización del parto constituye una necesidad urgente y evidente. Por tanto, creemos firmemente que la aplicación de la humanización en los cuidados que se proveen al comienzo de la vida humana será determinante y definitiva para las sociedades futuras".
Para el gineco-obstetra director del Centro de Diagnóstico e Investigaciones Perinatales (CEDIP) del Hospital Sótero del Río y médico de la Clínica Santa María, Ricardo Gómez, en esto no se puede ser ortodoxo.
"Cada paciente es única y cada parto es diferente, por lo tanto no se pueden aplicar normas rígidas, sino guías que sugieran prácticas clínicas generales, para evitar los abusos. Por ejemplo, en algunas pacientes debe inducirse el parto antes de las 41 semanas y en otras puede ser aconsejable realizar una episiotomía".
Algunas prácticas en cuestión
La mayor crítica de las mujeres hacia la actual atención al parto y la realización de ciertas prácticas, es que muchas veces no se busca tanto facilitar el proceso natural sino sustituirlo, esterilizando de paso la dimensión emocional y espiritual del nacimiento, que no tiene ocasión de producirse.
Además, se aleja de ser un proceso fisiológico natural en donde la madre expulsa al nuevo ser, en cambio en el hospital prácticamente se extrae.
Por esta razón una de las prácticas más cuestionadas es el caso de medicar o exagerar en la anestesia. Está comprobado que los medicamentos alteran el estado de la mente y el cuerpo de la mujer, a tal punto que la forma de realizar este acto íntimo queda manipulado y alejado de la verdadera sensación de parir.
Pero también la mujer-paciente es muchas veces quien pide y obliga a los médicos a realizar algunas prácticas. Esto muchas veces radica en que aunque la atención al parto deshumaniza el nacimiento, en cambio se recibe una asistencia técnicamente superior a la tradicional.
Un simple análisis demuestra que no es así. Actualmente, la obstetricia convencional dirige más su energía a resolver los problemas que ella misma produce que a facilitar los nacimientos. Según admite la OMS, no más de un 10 por ciento de las prácticas de rutina en la sala de parto están científicamente justificadas.
Quizá el ejemplo más paradigmático de la actual asistencia al parto es la postura de parto (tumbada sobre la espalda, los pies de los estribos), una postura desconocida en la historia hasta que la medicina empezó a controlar los partos.
Según el doctor Gómez, en Chile el rasurado ha disminuido en forma significativa, pero, salvo algunos centros, la mayoría sigue realizando enema y la parte final del parto sigue ocurriendo en camillas que no siempre permiten una posición cómoda para la madre. Pero estas prácticas, a pesar de ser invasivas no representan un problema mayor.
Sin embargo, el doctor Gómez señala que el tema de las cesáreas es mucho más complejo, ya que nuestro país tiene uno de los índices más altos en el mundo: mientras el porcentaje normal de cesáreas no debería superar el 20% según recomendaciones de la OMS, en el sector privado, las cifras superan el 50%. Y algo similar ocurre en Brasil y en el resto de América Latina.
Razones hay muchas. "Un estudio británico muestra que existen varios factores por los cuales el porcentaje de cesáreas puede ser tan alto en Chile. Se sugiere que un factor central es que la cesárea puede programarse y ocupa menos tiempo que un parto. Además, los riesgos de la cesárea se han reducido considerablemente, aunque siguen siendo mayores que los del parto vaginal espontáneo. Incluso éste y otros estudios muestran que mujeres que desean un parto vaginal finalmente son sometidas a cesárea sin una indicación médica clara", afirma el doctor.
El doctor Gómez considera también posible que esa frecuencia de cesáreas sea la consecuencia de que se practican muchas inducciones innecesarias del parto antes de las 41 semanas.
La humanización del parto
Puede resultar redundante intentar humanizar un acto que le pertenece al ser humano y a todos los mamíferos. La parturienta necesita una atmósfera de intimidad y recogimiento, de seguridad física y emocional, que le permita entrar en el estado de conciencia especial propio del parto.
El doctor Ricardo González se refiere al parto humanizado como una modalidad destinada a fomentar la preparación para el parto varias semanas antes de que ocurra, "deambulación durante el trabajo de parto, evitando permanecer acostada en forma permanente, intervenciones mínimas, ingreso del padre al parto, contacto precoz entre los padres y su hijo y un entorno durante el trabajo de parto que permita que la paciente sienta que le está ocurriendo algo importante, pero normal".
¿En este sentido, cree Ud. que existe una diferencia entre el sector público y privado?
"Persisten diferencias naturalmente, porque las salas de parto de muchos hospitales de Chile no reunían las condiciones técnicas o de privacidad suficientes para asegurar un parto en las condiciones mencionadas. Sin embargo, debe recordarse que aún así el sistema de salud materno-infantil de Chile, por muchos años, ha sido muy eficiente y muestra índices de salud que están en los primeros lugares del continente.
Y cuando se analizan los índices de salud más relevantes entre el sector privado y público, no existen diferencias significativas.
Incluso, si se considera la operación cesárea como un indicador de calidad de atención, el sistema de salud público estaría en mejor pie porque tiene tasas de cesáreas más bajas que el sector privado. Pero es obvio que el problema es mucho más complejo y no se puede reducir a una simple comparación.
Puesto que el parto es un acontecimiento con una fuerte implicación emocional, el trato que recibe la madre condiciona en gran medida el nacimiento de su bebé. Por lo tanto, es importante prescindir de aquellas prácticas invasivas que dejan a la mujer en un estado de indefensión más que de acción.