






El exilio del poeta transcurrió entre Verona y otras ciudades del norte de Italia. Vivió en París, entre 1307 y 1309. Durante este período de tiempo sus ideas políticas sufrieron una considerable mutación, y abrazó la causa de los gibelinos, que deseaban la unificación de Europa bajo el gobierno de un emperador culto y competente. Los anhelos políticos de Dante se vieron cumplidos con la llegada a Italia de Enrique VII, rey de Alemania y cabeza del Sacro Imperio Romano Germánico.
Las intenciones del emperador consistían en unificar Italia bajo su soberanía, tanto en la teoría como en la práctica. En medio de la actividad política, Dante escribió a numerosos príncipes y líderes políticos italianos, llamándolos a dar la bienvenida al emperador y apoyarlo en sus deseos de unificar la península itálica, pues era la mejor manera de terminar con las luchas entre las distintas ciudades y en el interior de éstas.
La muerte de Enrique VII en Siena, el año 1313, acabó con las esperanzas políticas del poeta. El tratado De Monarchia (1310), escrito en latín probablemente durante la estancia del emperador en Italia, constituye una exposición detallada de las ideas políticas de Dante, entre las cuales se encuentran la necesidad de la existencia de un Sacro Imperio Romano y la separación total de la Iglesia y Estado.
En
1316 la ciudad de Florencia ofreció a Dante la posibilidad de regresar,
pero las condiciones que puso para ello eran las mismas que solían imponerse
a los criminales perdonados por las autoridades de la ciudad. El poeta rechazó
el ofrecimiento, argumentando que jamás regresaría a menos que
le fuesen restituidos por completo su dignidad y su honor.
Siguió entonces viviendo en el exilio, y pasó sus últimos años en Rávena, donde murió el 13 o el 14 de septiembre de 1321. Fue enterrado en esta ciudad, pero sus restos han sido reclamados durante siglos por los florentinos, que le tenían reservada una sepultura en la iglesia de la Santa Croce.
De acuerdo a los entendidos, tanto la muerte de su amada Beatriz, como el exilio de su ciudad, sumieron a Dante en un estado de incertidumbre y desilusión que sólo logró superar a través de una poesía universalizante, que dejó a las generaciones venideras una obra plena de belleza e inmortalidad, base de la literatura alegórica medieval.
La obra maestra de Dante, La Divina Comedia, la debió comenzar alrededor de 1307 y la concluyó poco antes de su muerte. Fue la conclusión del experimentalismo de sus poemas y la búsqueda consciente de un estilo propio. Escrita en tercetos, se resume en ella toda la cosmología medieval mediante la presentación del recorrido del alma. El poeta mezcla, además, un lenguaje vívido, de gran riqueza expresiva, con elementos simbólicos con referencias a personajes históricos y mitológicos, hasta construir una equilibrada y grandiosa síntesis del saber acumulado por el hombre desde la Antiguedad Clásica hasta la Edad Media.
Se trata de una narración alegórica, de una gran precisión y fuerza dramática, en la que se describe el imaginario viaje del poeta a través del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Durante su periplo a través del Infierno y el Purgatorio, el guía del poeta es Virgilio, alabado por Dante como el representante máximo de la razón. Beatriz, a quien Dante consideró siempre tanto la manifestación como el instrumento de la voluntad divina, lo guía a través del Paraíso.
La traducción de sus obras completas se publicó en Madrid en 1956.
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Fuentes: El
Poder de la Palabra - Biografías
y Vidas - Servisur
- Arte Historia
- Escolar.com -
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