Hongo asesino invade
la piel de los anfibios

Ranas, sapos, salamandras y celias de todos los continentes ya han sido infectadas por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis que crece en la piel. El agente patógeno ataca especies que necesitan temperaturas bajas y les transmite una enfermedad infecciosa que altera su equilibrio hídrico.

 

 

De acuerdo a un informe realizado en el año 2004 por Conservación Internacional y organizaciones asociadas, de las 5.700 especies de ranas, sapos, salamandras y celias de forma agusanada (anfibios ápodos, es decir, sin patas), la tercera parte se encuentra amenazada, mientras que en los últimos 20 años 168 especies ya se han extinguido. Una cifra mucho mayor que en cualquier otro grupo de animales.

Y pese a que en el informe se indica a la pérdida de hábitat como principal responsable, existe un "agresor" menos conocido, pero igualmente peligroso: el hongo quitridio Batrachochytrium dendrobatidis, el cual es capaz de asesinar en forma muy rápida.

Este hongo, que invade la piel de los anfibios y altera su equilibrio hídrico, recientemente se ha diseminado en América Latina y en algunas regiones de Australia, donde en sólo cuatro meses la mayoría de las 64 especies de ranas existentes se infectaron o desaparecieron.

Con esto, los anfibios de todos los continentes ya han sido infectados por este hongo, y especies que pocas veces los científicos habían observado se vieron en el suelo, en gran número, muertos, debido a esta infección micótica.

Los hongos quitridios son conocidos, desde hace ya bastante tiempo, como parásitos de plantas e invertebrados. Se encuentran en todo el mundo y en todos los medios, particularmente en áreas bien conservadas, ya que son muy sensibles a la contaminación.

Sin embargo, la especie que afecta a los anfibios es de reciente descripción, siendo el primer caso de hongo quitridio que afecta a un vertebrado.

La quitridiomicosis está presente en más de 15 países de todo el mundo, afectando a más de 100 especies de anfibios.

Australia, con más de 40 especies afectadas, y Estados Unidos, con 15, son los países con más casos conocidos, aunque la situación en países menos estudiados podría ser mucho más dramática.

Muerte rápida

El renombrado "hongo asesino" ataca especies que necesitan temperaturas bajas. Las referencias más antiguas de su acción datan del año 1974, cuando la víctima fue la rana leopardo (Rana pipiens), que vive en las Montañas Rocosas.

Sin embargo, aún los investigadores desconocen sus efectos exactos y las causas que conducen a los anfibios hacia la muerte. Se cree que detrás de la expansión del hongo estaría el cambio climático.

Según un estudio realizado por J. Alan Pounds, del Centro de Ciencia Tropical del Parque Natural de Monteverde, en Costa Rica, el calentamiento del planeta puede alterar la dinámica de esta enfermedad mortal.

Aunque la relación entre el cambio climático y la desaparición de algunas especies ya había sido planteada, el nuevo estudio aporta una prueba convincente y una teoría de cómo funciona: "La enfermedad es la bala que está matando las ranas, pero el cambio climático está jalando el gatillo", aseguró Pounds (Conciencia Animal.cl).

De acuerdo al análisis, el aumento de las temperaturas de la Tierra incrementa la nubosidad en las montañas tropicales. Esto trae como consecuencia días más frescos y noches más cálidas, condiciones que favorecen el desarrollo del hongo responsable de la enfermedad mortal que afecta a los anfibios. Así, el hongo, que crece y se reproduce mejor a temperaturas que oscilan entre los 17 y los 25 grados centígrados, resulta más letal para las ranas que viven en las altiplanicies con temperaturas más frescas o durante la temporada de invierno.

Las temperaturas extremas, tanto altas como bajas, pueden disminuir los efectos del hongo, pero el calentamiento del planeta, que modera esas fuertes oscilaciones, activa su capacidad mortífera para los anfibios de esas latitudes. Las poblaciones de anfibios afectadas por esta especie de hongo, generalmente desaparecen en pocos meses, siguiendo el patrón de dispersión típico de las enfermedades infecciosas.

Los adultos mueren rápidamente, mientras que las larvas, que presentan infección sólo en la zona bucal, mueren más tarde, cuando la queratina (componente principal de las capas más externas de la epidermis de los vertebrados) - y con ella los hongos - se extiende por todo su cuerpo al completar la metamorfosis. Una vez que el hongo ha aparecido en una zona, permanece en el medio como saprófito (organismo que obtiene su energía de materia orgánica muerta), incluso cuando los anfibios ya han desaparecido.

La causa última de la muerte de los animales infectados aún no se conoce con seguridad, pero sí el desarrollo de la enfermedad (conocida como quitridiomicosis), que afecta a la superficie de la piel y nunca a los órganos internos.

Cuando las zooesporas (esporas móviles mediante flagelos) de estos hongos entran en contacto con la piel de los anfibios se fijan, y a los pocos días se desarrollan esporangios que generan nuevas zooesporas. La liberación de estas zoosporas se produce mediante el desarrollo de un tubo de descarga que perfora la piel del animal infectado.

Recientemente un equipo español de investigadores partió hacia una de las zonas menos conocidas de la Cordillera de Los Andes en la región de Puno, Perú y en Bolivia, a descubrir y catalogar especies endémicas y confirmar la acción del hongo. La expedición se desplazará a zonas altas y muy húmedas en las que recogerá pruebas y ADN para averiguar cómo ataca este hongo. Además, prestarán especial atención a las ranas Phrynopus que, como no se reproducen en el agua, se encuentran libres de esta afección y constituyen una gran ayuda para el estudio.

No obstante, los científicos reconocen que la lucha no será fácil, ya que el hongo se ha adaptado a diferentes ambientes en muchas partes del mundo y no existen campañas para vacunar a los anfibios.

 

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Fuentes: El Mercurio - Conciencia Animal - Esmas - SOS Anfibios
Fotos: SOS Anfibios
15/03/2006