Permisos: límites con cariño y firmeza

Los niños y más aún los jóvenes se sienten protegidos y queridos cuando sus padres les establecen límites, ya que éstos les proporcionan un margen claro en el cual moverse, desarrollarse y autocontrolarse o regularse.

 

Fuente: Padres OK

 

Las normas deben ser consensuadas entre los padres y una vez que se han puesto de acuerdo entre ellos, plantearlas y discutirlas con los hijos, dándoles un espacio importante de participación.

La importancia de los límites

Según Fabio Sáenz, psicólogo de salud del adolescente del Centro Ser Joven, no sólo es necesario poner límites en la preadolescencia y adolescencia, sino que desde mucho antes.

"Los límites y las normas son una forma de desarrollar el autocontrol, la autonomía, la responsabilidad, la madurez y el desarrollo en general. La clave es que sean establecidos de manera adecuada, es decir, de forma democrática, no autoritaria ni permisiva".

Agrega el especialista que los niños y adolescentes que no tienen límites pueden tender a ser más inseguros y a correr más riesgos.

"He visto casos en que finalizada la adolescencia, los jóvenes sienten que sus padres se preocuparon poco por ellos. Y es que el no poner límites raya en la negligencia".

A medida que los niños van creciendo, los límites y permisos varían.

Cuando el niño es escolar, probablemente pedirá permiso para ir donde un amigo y la respuesta será que no puede salir en la semana porque se tiene que levantar temprano.

Pero cuando es adolescente, lo plantea de otra manera: "tengo una fiesta, quiero ir", en este contexto la clave está en transar con los papás.

Para establecer normas y límites sin generar una batalla entre padres e hijos, Fabio Sáenz recomienda primero explicar las razones de los límites y no decir simplemente 'te lo ordeno por que soy tu padre-madre y no hay más que hablar', o 'mientras vivas en esta casa...'.

A su juicio, la mejor manera es el consenso y los permisos progresivos.

"Es importante el haber puesto desde siempre normas de forma democrática y no cambiar el estilo al llegar la adolescencia".

El experto agrega que es bueno reconocer que es muy difícil cursar esta etapa sin tener algún tipo de conflicto en este sentido y que la clave está en saber manejarlos adecuadamente.

Ni mucho, ni poco

Los permisos deben ser acordes a la edad, pero también a la capacidad de ser responsables y autónomos, para que los niños aprendan a proponer y fijar sus propias reglas, ya que su identidad se va formando en la medida en que son capaces de cumplir lo que dicen.

En este sentido, la recomendación del especialista de Ser Joven es que los permisos "sean progresivos y que siempre se llegue a acuerdos con los hijos. Si están de acuerdo con una norma consensuada previamente, será más fácil que la lleven a cabo o que acepten la sanción por no haberla cumplido".

Lo ideal es partir con pequeños permisos, para evaluar la respuesta del joven y chequear si cumplió con el horario y si aceptó las condiciones.

Un clásico ejemplo es cuando el adolescente quiere llegar de la fiesta a las 2 de la mañana y el padre dice a las 12:30.

En este caso, se aconseja llegar a un término medio, o proponer partir con un permiso a las 12:30 y si se cumple ir extendiéndolo.

Lo importante es que los padres expliciten que con el permiso 'nos tenemos que quedar conforme los dos' y que el joven tenga claro que, frente a las peticiones de permisos en las que los padres vean un riesgo mayor, no se puede discutir.

También, es recomendable evaluar el cumplimiento en otras áreas, por ejemplo, la académica (¿es responsable con sus deberes? ¿es honesto?), o la social (¿es capaz de regular sus emociones? ¿puede poner límites e identificar situaciones de riesgo?).

Si presenta esas características, "los padres pueden estar más tranquilos a la hora de comenzar con los permisos, de lo contrario, puede ser un buen momento para apoyarlos en el desarrollo de esas habilidades", señala Sáenz.

A la hora de fijar límites y permisos en la preadolescencia y adolescencia es fundamental potenciar una buena relación con los hijos. Para lograrlo los especialistas recomiendan tener en cuenta los siguientes aspectos:

Diálogo y cercanía

* Nunca evitar el conflicto. Hay que enfrentarlo con tranquilidad y sin susto. Los padres tranquilos son más creíbles.

* Mantener un diálogo lo más abierto posible, demostrando calidez e interés.

* Sostener comunicación de ida y vuelta, lo que supone un traspaso de experiencias.

* Tener mucho cuidado con la crítica, pues los adolescentes están muy sensibles. No descalificarlos, sino expresar que se tiene una opinión distinta.

* Mantener una actitud de firmeza cercana, que no es lo mismo que ser duro.

 

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