





¿Pasar de curso "raspando"?
Cuando un niño va "raspando" año en año, es conveniente evaluar su grado de madurez y actuar en consecuencia. No siempre la única alternativa es repetir el año, pero es recomendable pedir su opinión a un especialista.
Por:
Edna García de Martínez, profesora normalista con estudios especializados
en el área de educación infantil.
Fuente:
Desarrollo y Formación Familiar
¿Conoce alguno de esos niños que pasan el año escolar entre gritos y coscorrones? Como quién dice, batalla para descifrar su propia letra, lee a paso de tortuga y su nivel de atención deja mucho que desear en comparación de sus compañeros.
Los profesores le han sugerido a sus padres que lo pongan al día, que reciba apoyo académico en horas extraescolares, lleve tarea extra y hasta que visite al psicólogo para tratar de salvar el año escolar.
¿Aburrido o inmaduro?
La profesora le tiene mala voluntad a mi hijo, el sistema educativo es antipedagógico o los niños están aburridos pues no son atractivas las clases. Estos pudieran ser parte de los motivos que colaboran al bajo desempeño escolar.
Sin embargo, existe otro factor que juega un valioso papel en la vida escolar de los niños, y es la madurez.
Las estadísticas muestran que uno de cada siete niños presenta algún problema con su desempeño escolar y algunos de estos tienen sus orígenes en la inmadurez del alumno.
Se espera que para cuando el niño cumpla seis años de edad, su sistema
nervioso esté maduro.
Un reflejo de esto es la adquisición
de ciertos conocimientos, nociones concretas, algunos conceptos entre otras habilidades.
Es por esto que las escuelas reciben a los niños entre los 6 y 7 años
de edad.
Círculo vicioso
Las habilidades básicas en las áreas de lenguaje, lectura, matemáticas y escritura las dominan los niños en los primeros años de enseñanza básica.
Pero para los que no han logrado madurar ciertas áreas les es muy difícil adquirir estas habilidades sin ayuda extra o especial. Y así las actitudes de desgano, rebeldía y frustración en lo relacionado con el estudio (bajas calificaciones, llamadas de atención, comentarios negativos) logran hacer sentir a estos niños que sus esfuerzos no sirven para nada.
Por desgracia, a la hora de confirmar que los problemas que se presentan en la escuela son por inmadurez y no por lo que se suponía flojera, chiflazón o mala maestra, ya se afectó la autoestima del niño (cuestión emocional).
¡Vaya a la raíz!
Se acude a un profesor extraescolar para que refuerce lo que al alumno se le enseñó por la mañana, se amenaza con perder el año escolar, se le deja sin recreo y hasta se le pone hacer el doble de páginas o veinte operaciones más de matemáticas para que practique.
Estas formas pudieran ser de ayuda, sin embargo, si no se detecta específicamente en donde está el problema, el proceso será mucho más lento y por lo tanto frustrante.
Solicite una reunión con el profesor, pídale detalles de sus observaciones y pregunte qué se está haciendo en clase para reforzar al niño y qué puede usted hacer en la casa.
¡Manos a la obra!
Algunas
de las áreas deficientes se pueden reforzar desde el hogar y para lograrlo
se necesita paciencia y disponibilidad.
Algunos ejemplos que además
de divertir incrementan algunas habilidades:
* Proporcione revistas, folletos o libros de texto del año pasado para recortar figuras y letras para formar palabras, en las hojas de libretas dibuje círculos o figuras y que el niño pegue confetis (pedacitos de papel de varios colores, recortados en varias formas) o estambres (pedazos de hilo o lana).
* Enseñarles costuras sencillas. Con una perforadora haga hoyos en hojas de cartoncillo y que el niño las cosa con estambre.
* Ayude al niño a pasar a un bote de cuello muy angosto lentejas de una por una, usando los dedos con los que sostiene el lápiz o con pinzas pequeñas (de las cejas).
* Revuelva en una mesa porotos, sopa de letras o lentejas y que los clasifiquen o separen en un límite de tiempo.
* Introduzca en una caja diversos objetos como cepillo, tenedor, moneda, lija, pluma, como quien dice objetos de diversas formas y texturas. El niño deberá escoger un artículos sin ver y adivinar lo que es.
* Los juegos de memoria, loterías de sonidos y estrategias también ayudan.
* Ponga obstáculos (libros, zapatos, vasos de plástico) y dé instrucciones de saltar entre ellos en un pie, de dos en dos, etc. Lo mismo con una cuerda o soga colóquela en forma de círculo y de instrucciones de saltar dentro o fuera, ojos cerrados, etc.
Más vale prevenir
Algunas deficiencias en el desarrollo pueden ser ignoradas, no con mala intención sino por la simple razón de que no se consideran situaciones de importancia o alerta. O bien, porque los padres y educadores deciden darle tiempo al niño argumentando que en el jardín infantil madurará.
Sin embargo, al paso del tiempo a estos niños sus compañeros los van dejando atrás y las diferencias en la conducta, lenguaje y aprendizaje dan muestras obvias de que su desarrollo no va al ritmo de los niños de su edad.
La preocupación de los padres de familia se centra por lo general al momento de dejar el jardín infantil y elegir el colegio al que asistirá su hijo. Los sistemas académicos actuales se presentan como un gran reto para estos niños, algunos serán rechazados pues sus pruebas psicológicas o de madurez indican que no está listo para dar ese paso, otros que con suerte hayan logrado inscribirse en la escuela o colegio posiblemente tendrán problemas académicos en un futuro.
Por eso
la importancia de que desde el jardín de niños se cuente con un
buen programa que colabore con las áreas de desarrollo infantil y personal
capacitado para evaluarlo, como quién dice prevención es parte
de la solución.
La decisión de dejar que repita el
año escolar el niño que va pasando raspando o de panzazo
no es fácil.
Sin embargo, habrá casos en que dejar que repita el año sea la mejor alternativa. Los maestros y directores de la escuela junto con los padres de familia son los indicados para decidir lo más conveniente para el niño.