





3-6 años: La edad de la fantasía
Su mundo es distinto del de los adultos porque su imaginación les brinda posibilidades mucho más creativas e inesperadas. Un simple muñeco puede volar y él mismo puede convertirse en un bandido famoso.
Por: Ricardo
Regidor
Mail: ricardoregidor@edicionespalabra.es
El capitán Garfio puede entrar en la habitación en cualquier momento,
mostrando su gancho reluciente y una sonrisa "comeniños" en la boca.
Para
nuestro pequeño, un personaje de los cuentos, un hada o la misma "Pocahontas"
son tan reales como sus amigos.
Se encuentran en la edad de la fantasía,
donde todo ocurre con una lógica distinta y ellos mismos, con una simple capa,
pueden convertirse en un gran superhéroe vengador.
Entre los 3 y los
6 años, nuestros hijos se encuentran en una edad en la que su forma de ver las
cosas y la realidad es muy fantasiosa.
Es decir, ven el mundo que les rodea
en función de sus propios intereses, de lo que les llama la atención y de lo que
excita su imaginación... Su mundo es distinto del de los adultos porque su imaginación
les brinda posibilidades mucho más creativas e inesperadas: un simple muñeco puede
volar y él mismo puede convertirse en un bandido famoso.
Nuestros hijos
están creciendo y como parte del proceso se potencia su fantasía, creatividad
y capacidad imaginativa... Pero tanto que, a veces, ese otro mundo llega a invadir
la realidad.
Una fantasía especial
Esta manera especial
de ver el mundo que tienen los niños y niñas de esta edad se denomina "pensamiento
mágico". Creen que lo imposible es posible.
Por ejemplo, cuando son
pequeños están convencidos de que todos sus deseos van a cumplirse, que es simplemente
una cuestión de quererlo.
Creerán que por desear y repetir muchas veces
que salgan más dibujos animados van a aparecer en la pantalla...
Su
fantasía continúa mezclándose con la realidad. De ahí que, dejándose llevar por
su imaginación, tiendan a exagerar cualquier suceso que ocurra a su alrededor,
tanto para bien como para mal. Además, confunden lo que desearían que sucediera
con lo que puede suceder, porque aún no saben distinguir entre lo real y lo fantástico.
Simulación o realidad
El proceso de crecer y madurar no
resulta nada fácil para un niño. Poco a poco ha de ir enfrentándose con el mundo,
ha de relacionarse con los demás... Por todo ello, los niños necesitan un mundo
interior que les brinde protección y que se convierta en su refugio.
Cuando el niño juega con la imaginación, se transforma en la persona todopoderosa
que no es en la realidad. Inventa y transforma... por ejemplo, el palo en un caballo
de carreras. Porque la fantasía es para él un modo de aprender. Con su imaginación
crea situaciones y se coloca a sí mismo dentro de ellas, como un juego de simulación.
Es la manera de vivir una rica variedad de experiencias: puede convertirse en
mamá, en una dependienta o en un maestro.
No sólo transforma un objeto
en otro, sino que es capaz de transformarse él mismo; puede cambiar de identidad
de un momento a otro, pasando de la ficción a la realidad cuantas veces necesite
hacerlo. Y buscará cómplices que participen con él en el juego fantástico.
Genios y creativos
Es conveniente que los niños usen esa
capacidad de fantasía, que jueguen mucho, que inventen, pinten, se disfracen,
hablen, etc. Probablemente, en el futuro serán unas personas mucho más creativas.
Pero también tenemos que vigilar e intervenir en el momento oportuno,
para que puedan separar su pensamiento racional de su imaginación y vayan asimilando
la realidad como es.
El uso de la fantasía tiene muchas ventajas para
el niño, además de la función que cumple en su desarrollo natural, y en su maduración:
- La fantasía favorece su creatividad, imaginación y sensibilidad. Á
estas edades, nos sorprenderá con sus razonamientos y salidas curiosas, porque
está naturalmente predispuesto a ello.
-La fantasía facilita su capacidad
de entretenerse y no aburrirse. Puede inventarse mil modos de jugar, sin necesidad
de aparatos de televisión, videojuegos, etc.
-La fantasía favorece su
inteligencia, porque se trata de un ejercicio intelectual en toda regla.
Padres de película
Nuestro papel de padres consistirá en ayudarles
a diferenciar la realidad de lo que sólo existe en su cabeza, algo fundamental
para que puedan ir madurando.
Pero sólo distinguiremos estos dos mundos cuando
sea necesario. No hemos de tener demasiada prisa, ya que no está mal que de vez
en cuando se dejen llevar por su portentosa imaginación.
Más importante
que ponerle los pies en la tierra, recurriendo a argumentos "lógicos", puede ser
que participemos de sus juegos fantasiosos. Pero, como todos sabemos, a estas
edades no resulta tan fácil jugar con ellos.
Hace falta entrar en su
fantasía y comerse ese helado imaginario en una cuchara de 10 centímetros o actuar
como si fuéramos auténticos lobos o indios.
En resumen...
Juega con ellos:
-Tenemos que participar, y no ser meros espectadores
de los juegos de nuestros hijos, para compartir con ellos ese mundo mágico y fantasioso
en el que viven.
-Para jugar con ellos, tendremos que ponernos a su
altura, lo que supondrá más de una vez tirarnos al suelo, o comprar de verdad
esa fruta de plástico.
-Su tiempo de juego ha de tener un hueco inamovible
en nuestro horario, convirtiendo ese rato en una aventura intensa donde no haya
tiempo para las prisas.
-En vez de dirigirle sus juegos, hemos de ayudarles
a que ellos ejerzan su libertad y su creatividad, permitiendo que sean ellos los
protagonistas.
-Hemos de entrar en su mundo y dejarnos arrastrar por
su lógica y fantasía infantil, en vez de pretender que nuestro hijo salga de él
para acomodarse a la realidad de los mayores.
Que distinga la realidad:
-Aprovecha los momentos en los que no se encuentra jugando para hablar con
el niño como si fuera un hombrecito, sin forzar la conversación. Cuando cambie
de tema y comience a hablar de monstruos, síguele la corriente.
-Para
superar algunos miedos causados por su fantasía, hemos de explicarle las razones.
Si le asustan los leones, le explicaremos que viven en África y que en nuestra
casa es imposible que entren, en vez de burlarnos de ellos.
-Puedes
ir explicándole, poco a poco, con argumentos de acuerdo a su edad, que no todo
lo que sale en la televisión se ajusta a la realidad.
-Podemos plantearle
qué podríamos hacer para entrar en casa si no tenemos llaves. Primero deberá proponer
soluciones factibles, reales, que se puedan ejecutar ("la tía tiene una copia").
Después, le diremos que utilice la fantasía para saber cómo solucionaría el problema
("si fuera Superman entraría volando").